jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Todos estamos locos?

Cada vez se diagnostican más enfermedades psiquiátricas, y cada vez parece que estemos más locos. Por ejemplo, en la primera edición del Diagnostics and Statistica Manual (DSM), del año 1952, editado por la American Psychiatric Association, se listaba 100 categorías de enfermedad mental.

En el año 2000, se listaban 300.
En la nueva edición del año 2012, probablemente se incluyan nuevas discapacidades para los trastornos del comportamiento sexual, y la adicción a los videojuegos.

El National Institute of Mental Health (NIMH) informa que más de una cuarta parte de los adultos padecen un trastorno mental diagnosticable en algún momento determinado de su vida.

Las investigaciones aparecidas en la publicación Archives of General Psychiatry señalan que aproximadamente la mitad de todos los americanos sufrirán una enfermedad mental durante sus vidas.Gary Marcus explica razona en su libro Kluge que, sencillamente, nuestro cerebro funciona de una forma mucho más chapucera de lo que creíamos.

Estos datos tienen, naturalmente, dos lecturas. La primera, que cada vez estamos peor de la mollera.La segunda, que cada vez disponemos de mejores herramientas de diagnóstico psiquiátrico (aunque aquí hay que hay añadir una sublectura: que tal vez estamos exagerando un poco y empezando a categorizar como enfermedad mental lo que en realidad no lo es).
Abunda en ello Thomas Armstrong, autor del libro El poder de la neurodiversidad:
¿Cómo hemos llegado a esto? Ciertamente, una razón tiene que ver con el tremendo salto en el conocimiento sobre el cerebro humano que ha tenido lugar en las últimas décadas. Cada año surgen cientos, si no miles, de estudios que nos ofrecen cada vez más información acerca de cómo opera el cerebro humano. Esta información revoluciona nuestra comprensión de nuestro funcionamiento mental, y eso es algo bueno. Pero también es responsable de que nos hayamos convertido en una cultura de la discapacidad. (…) La financiación para la investigación cerebral se destina a la rueda que chirría, es decir, hay muchos estudios consagrados a estudiar lo que anda mal en el hemisferio izquierdo de los cerebros disléxicos, sin embargo, se lleva a cabo muy poca investigación centrada en el área del hemisferio derecho, que procesa las asociaciones libres de palabras y que podría ser la fuente de la inspiración poética.
Esta tendencia queda experimentalmente reflejada en un estudio de 1968 publicado en la revistaScience, en el que un grupo de personas se hicieron pasar por locas, aunque sus síntomas no se correspondían con ninguna enfermedad mental específica. Sin embargo, fueron internados en distintos centros psiquiátricos.¿Cómo saber si estás loco?
Una vez leí una pregunta más o menos infalible para determinar si una persona está loca. La pregunta era más o menos así: Marco Polo realizó tres viajes en barco y, en uno de los tres, murió. ¿En cuál de ellos?

Lejos de pruebas un tanto romas para localizar algún problema mental (o una falta de concentración descomunal), lo cierto es que la definición de locura está en continuo debate entre los psiquiatras.
Por ejemplo, hasta 1974 la homosexualidad era considerada un trastorno mental. Después de ese año, tras superar la votación de los especialistas americanos, miles de personas dejaron de ser diagnosticados como enfermos de la noche a la mañana.

Aunque las imágenes con resonancia magnética, la genética y la biología molecular ayudan a los psiquiatras a detectar alteraciones en la forma y en la función del cerebro a fin de afinar al máximo su diagnóstico, los diagnósticos difícilmente son concluyentes pues se elaboran partiendo de determinadas agrupaciones de síntomas.

De esta manera, la línea entre salud y enfermedad sigue siendo difusa. Algo, por cierto, que interesa a la industria farmacéutica a fin de poder vender más pastillas para enfermedades que quizá no son tales. Por ejemplo ¿cuándo un niño es hiperactivo y, en consecuencia, debe medicarse? ¿Y si en muchos casos se trata de una actividad motriz excesiva que puede calmarse con una buena dosis de deporte? ¿La timidez es un rasgo del carácter o una patología social?

En 1968 se realizó un curioso experimento sobre la locura que fue publicado por en la revista Science.

David Rosenhan, de la Universidad de Stanford, en California, junto a 12 colegas suyos, se disfrazaron de vagabundos y se presentaron en distintos centros psiquiátricos. Todos ellos contaron una historia similar: que oían voces “roncas”, “huecas” y “vacías” que no entendían en absoluto.
Estos signos no se corresponden con los síntomas de ninguna enfermedad mental. No obstante, los mendigos de mentira fueron internados, y en unas semanas les dieron el alta, a la mayoría con el diagnóstico de “esquizofrenia en remisión”.

Pero hay algo más. ¿Recordáis la película de Jack Nicholson El nido del cuco, basada en una novela de Ken Kesey del mismo título? Pues pasó algo parecido. Los falsos pacientes fueron atiborrados a pastillas durante esas semanas de internamiento. En total: 2.100 comprimidos de los preparados más diversos.

Con todo, lo más esclarecedor fue la segunda parte del experimento. Enviaron a 193 enfermos mentales auténticos. El 10 % fue expulsado del centro bajo el pretexto de que estaban más sanos que una manzana.

martes, 25 de septiembre de 2012

Animales..compañeros de viaje

Inteligentes, afectuosos, dotados de facultades paranormales, capacitados para elaborar idiomas y herramientas, los animales constituyen uno de los mayores retos del siglo XXI. Y el respeto que merecen requiere conocimiento: desvelar el misterio que ellos encarnan y alque la cultura humana ha dado la espalda durante los últimos siglos. Los afectos animales son tan evidentes que no dejan espacio para la duda. Las investigaciones científicas también han confirmado la elaborada inteligencia de las especies más variadas. Otros estudios han permitido establecer experimentalmente que sus facultades paranormales son homologables a las de los humanos. Desde los pollitos a los caballos, pasando por perros y gatos, han demostrado dotes psicokinéticas, precognitivas y telepáticas. Monos, cuervos, loros, perritos de las praderas y otras especies, también poseen capacidad para elaborar un lenguaje mediante el cual transmitirse información relevante, aprender técnicas nuevas y fabricarse herramientas. 
Las antiguas culturas no les negaron el alma. Desde el chamanismo más arcaico hasta el antiguo Egipto hallamos claramente expresada la convicción de que merecen veneración, protección y respeto. Como manifiesta Antonio Burgos en la entrevista que recogemos en nuestro tema de portada, no debemos olvidar que el término animal proviene de anima, que significa alma.



Esta verdad, captada intuitivamente desde la noche de los tiempos, sólo fue ignorada por las épocas más racionalistas, como en el siglo XVIII. Pero incluso en estos tiempos oscuros no faltaron los pensadores que expresaron su indignación ante la crueldad con los animales y reivindicaron su derecho a ser protegidos. Filósofos como Jeremy Bentham, o políticos como el presidente norteamericano Abraham Lincoln, entre muchas otras personalidades de los siglos XVIII y XIX, se declararon partidarios de formalizar para los animales derechos análogos a los humanos. Y lo mismo observamos en el siglo XX. Desde físicos como Albert Einstein hasta místicos de la talla de Gandhi han insistido en la misma idea.                               

Nuestra cultura se resiste a explorar sin prejuicios el misterio del animal. Sin embargo, en la propia investigación científica se empieza a abrir camino una nueva actitud que nos devuelve a la antigua sabiduría. Todas las supuestas diferencias entre los humanos y los animales –lenguaje, fabricación de herramientas, aprendizaje y transmisión de técnicas de una a otra generación– han caído ante la evidencia de que también son patrimonio de varias especies. 

Las organizaciones dedicadas a su defensa y a la promoción de iniciativas legales para su protección y reconocimiento de derechos aglutinan cada vez a más personas.

 


En cualquier caso, los animales no sólo son una asignatura pendiente y una responsabilidad ética que la Humanidad debe asumir. También son a menudo nuestros maestros y tienen mucho que enseñarnos. Cuando nos reconciliemos con ellos y los reconozcamos como a nuestros hermanos menores, seremos más sabios y viviremos en un mundo mejor. Y para alcanzar este objetivo debemos empezar por conocer mejor sus aptitudes y sus asombrosas facultades y habilidades.

El perro de Rocroi ..Ferrer Dalmau

El perro de Rocroi


El perro de Rocroi, detalle de la obra del pintor Augusto Ferrer-Dalmau. Este pintor es amigo personal de Arturo Pérez-Reverte.

La vida concede ciertos privilegios, y tener algunos amigos leales, sólidos como rocas, es uno de los míos. Entre ellos se cuenta el mejor de los pintores de batallas españoles vivos: se llama Augusto Ferrer-Dalmau, y llegué a su amistad por el camino más corto: la admiración que siento por su obra. Un día fui a una exposición suya y se lo dije. Le hablé de cómo, en mi opinión, su pintura continúa y renueva una tradición clásica que en España, con breves excepciones, tuvo escasa fortuna. Pocos de nuestros pintores se ocuparon de un género que en Francia tuvo a Meissonier y a Detaille, y en Inglaterra a Caton Woodville. Por ejemplo.

Ahora Ferrer-Dalmau ha terminado un cuadro espléndido, que estos días puede admirarse en una exposición que sobre su obra y la de su paisano Cusachs se celebra en el venerable edificio de Capitanía de Madrid, esquina de Mayor con Bailén. Se llama `Rocroi. El último tercio´, y narra -pintar con talento es una forma de narrar tan eficaz como otra cualquiera- la situación en el campo de batalla de Rocroi hacia las diez de la mañana del 19 de mayo de 1643, cuando los veteranos de la destrozada infantería española, formando el último cuadro, esperaban impasibles el ataque final de la artillería y la caballería francesas. Último ataque, éste, que no llegó a producirse. Admirado el duque de Enghien por la resistencia de los españoles -murallas humanas, los llamaría Bossuet- permitió a los supervivientes capitular con todos los honores, en los términos que se concedían a las guarniciones de plazas fuertes.




El cuadro de Rocroi tiene para mí un sentido especial, pues nació de una conversación con el pintor mientras despachábamos un cordero con cuscús en un restaurante de Madrid. Un lienzo crepuscular, fue la idea, que reflejase la soledad y el ocaso, la derrota orgullosa, el impávido final simbólico de la fiel infantería que durante dos siglos, desde los Reyes Católicos a Felipe IV, hizo temblar a Europa. El retrato riguroso de aquellos soldados empujados por el hambre, la ambición o la aventura, que acuchillaron el mundo caminando tras las viejas banderas, desde las junglas americanas a las orillas lejanas del Mediterráneo, de las costas de Irlanda e Inglaterra a los diques de Flandes y las llanuras de Europa central: hombres brutales, crueles, arrogantes, amotinadizos y broncos, sólo disciplinados bajo el fuego, que todo lo soportaban en cualquier degüello o asedio, pero que a nadie -ni siquiera a su rey- toleraban que les alzase la voz.



"Rocroi. El último tercio", detalle central

Mete un perro en el cuadro, sugerí más tarde, cuando el artista me mostró los primeros bocetos: uno que, como sus amos, se mantenga erguido esperando el final. Un chucho español flaco, pulgoso, bastardo, que siguió a los soldados por los campos de batalla y que ahora, acogido también al último cuadro, abandonado por su patria y sin otro amparo que sus colmillos, sus redaños y los viejos camaradas, espera resignado el final. Y píntalo tan desafiante y cansado como ellos.

A Ferrer-Dalmau le gustó la idea. Y ahora he visto el cuadro acabado, y el perro está ahí, en el centro, entre un veterano de barba gris y un joven tambor de trece o catorce años que el artista ha pintado rubio porque, naturalmente, es hijo de madre holandesa y de medio tercio. En el lienzo no figura el nombre del perro; pero Ferrer-Dalmau y yo sabemos que se llama Canelo y es un cruce de podenco y galgo español de hocico largo y melancólico, firme sobre sus cuatro patas, arrimado a sus amos mientras mira las formaciones enemigas que se acercan entre el humo de la pólvora, dispuestas al ataque final. Vuelto a los franceses como diciéndose a sí mismo: hasta aquí hemos llegado, colega. Es hora de vender caro, a ladridos y dentelladas, el zurcido pellejo. El cuadro es soberbio, como digo. O me lo parece.





"Rocroi. El último tercio", detalles

Retrata a la pobre y dura España de toda la vida: el soldado ciego con una espada en la mano, al que un compañero mantiene de pie y vuelto hacia el enemigo; los que rematan sañudos a los franceses moribundos; el tranquilo arcabucero que sopla la mecha para el último disparo; el desordenado palilleo de picas que eriza la formación, tan diferente a las victoriosas lanzas que pintó Velázquez. Y sobre todo, la expresión de los soldados que miran al enemigo-espectador con rencor asesino. Acércate, parecen decir. Si tienes huevos. Ven a que te raje, cabrón, mientras nos vamos juntos al infierno. Realmente da miedo acercarse a esos hombres; y uno entiende que les ofrecieran rendirse con honor antes que pagar el precio por exterminarlos uno a uno. Son tan auténticos como el buen Canelo: españoles desesperados, tirados como perros, olvidados de Dios y de su rey. Y pese a todo, arrogantes hasta el final, fieles a su reputación, temibles hasta en la derrota. Peligrosos y homicidas como la madre que nos parió.

"Rocroi. El último tercio", obra del pintor Augusto Ferrer-Dalmau. 



"Alcántara ¡¡Viva España!!". Óleo que representa a jinetes del Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14º de Caballería, en una carga durante el "Desastre de Annual", en julio y agosto de 1921. En este caso los soldados de los Tercios Españoles de Flandes, se situan en Rocroi, tierra francesa, fronteriza con Bélgica, la batalla es un directo enfrentamiento contra las tropas francesas; tal como las describe Pérez-Reverte en su famosa novela de 'El Capitán Alatriste', y el pintor Ferrer-Dalmau, recrea el enfrentamiento de la última carga.


Castillejos. Obra de Augusto Ferrer-Dalmau. Representa La Batalla de Castillejos. Guerra de África. Año 1860. Es portada del libro ¨Estampas de la Caballería Española

      Agustina de Aragón. En la batería del Portillo de Zaragoza el 2 de julio de 1808. El autor Augusto Ferrer-Dalmau se lo dedica "A todas las mujeres de España, ahora más que nunca"




La despedida. Soldado del Regimiento Farnesio, 5º de Lanceros, se despide de su hijo antes de partir a la Guerra de África (1859). Dos de los escuadrones del regimiento, que por esa época se encontraba acuartelado en Córdoba, participaron en aquella campaña, encuadrados en la llamada División de Caballería, al mando del general Alcalá Galiano


Soldado del Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14º de Caballería, en el Desastre de Anual. Este cuadro será la portada de un libro que próximamente va a publicar Galland Books bajo el título de "La última Laureada", con motivo de la reciente concesión -¡¡por fin!!- de la Cruz Laureada Colectiva al citado Regimiento por su sacrificio en los días posteriores al Desastre de Annual, en julio y agosto de 1921.





Cabo Pedro Mur, Regimiento de Húsares de la Princesa, 1861. El 1 de enero de 1860, en la batalla de los Castillejos, el Regimiento dio una legendaria carga, en el transcurso de la cual, el Cabo Mur logró arrebatar un estandarte amarillo a la Caballería del Sultán, tras derribar de un sablazo a su portaestandarte.

lunes, 24 de septiembre de 2012

el rinoceronte... en extinción



El rinoceronte está en peligro de extinción por la caza furtiva y si no actuamos ahora podría desaparecer para siempre

Las últimas estadísticas son escandalosas : 440 rinocerontes murieron brutalmente el año pasado tan sólo en Sudáfrica.


Esto supone un incremento dramático en comparación con los 13 que fueron masacrados hace apenas cinco años.
Los países europeos podrían liderar un nuevo plan mundial para salvar a estas criaturas maravillosas, ¡pero antes deben escucharnos!
Esta carnicería está siendo impulsada por el enorme aumento en la demanda de cuernos de rinoceronte, vendidos en el mercado negro como falsas curas para el cáncer, remedios para la resaca y amuletos para la buena suerte en China y Vietnam.
 
Las autoridades sudafricanas están ignorando las crecientes protestas, pero la Unión Europa podría utilizar su poder para cambiar esta situación.
El próximo mes de julio se celebrará una cumbre internacional clave y la UE podría persuadir a los países asistentes para que prohiban el comercio de rinocerontes en todo el planeta.
 
Rinocerontes en peligro de extinción, la participación de todos es importante, debemos salvarlos
La situación es tan grave que la amenaza se ha extendido incluso hasta los zoológicos británicos, que han activado una alerta roja contra bandas criminales que cazan a sus rinocerontes!
Elevemos una protesta gigante para pedirle a la UE que presione a favor de nuevas medidas para salvar a los rinocerontes de la extinción.
 

A los líderes de la Unión Europea :


Como ciudadanos globales comprometidos, les hacemos un llamamiento para que presionen a los miembros de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) para que salven a los rinocerontes de su extinción suspendiendo inmediatamente el comercio de cualquier parte y producto de estos animales.
Además, se deben fortalecer las medidas de protección, así como garantizar el cumplimiento por parte de los países consumidores de sus promesas de implementar campañas de concienciación pública.
Su acción hoy puede ayudar a ponerle fin a la letal caza furtiva de estos animales y salvar a la especie de su extinción.

                   

Cronostesia..que es?


Nuestra mente puede navegar através del tiempo.



Científicos confirman la habilidad de nuestra mente para viajar a través del tiempo, retomando el pasado y proyectándose hacia el futuro para crear una percepción continua.
Nuestro cerebro es una especie de jardín secreto que guarda un sin fín de flores neurológicas.


Su capacidad resulta imposible de concebir aún para nuestra propia mente 
puede nuestro cerebro autopercibirse? y en este sentido nos remite a la paradoja que cuestiona desde una perspectiva filosófica la perfección de Dios.
Si Dios es perfecto puede crear una piedra tan pesada que ni el mismo pueda mover, si no la puede crear, entonces no es perfecto.




Si la crea y no la puede mover… tampoco.
Pero más allá de estas neuro divagaciones lo cierto es que el diseño del cerebro humano es, a pesar del escepticismo filosófico, una manifestación perfecta, incluso divina.
Y por más que las neurociencias lo estudien, lo incentiven, y lo catalicen, siempre mantendrá secretos que sorprenderán a la mente que, aparentemente, lo controla.


Por lo pronto un grupo de investigadores han descubierto una nueva cualidad impresa en distintas regiones de nuestro cerebro que le permiten viajar a través del tiempo : la cronestesia.


Esto se refiere a la habilidad de percibir el pasado, presente, y futuro, y de trasladarse mentalmente a través del tiempo subjetivo.

La capacidad de recordar eventos pasados o imaginar sucesos futuros influye de manera determinante en la acción de elegir, en las decisiones que un individuo adoptará a lo largo de su vida.

Apoyados en imagenología de resonancia magnética, científicos han detectado regiones específicas de nuestra corteza cerebral que permiten, a través de mecanismos de neuro correlación, el viajar mentalmente a través del tiempo.


Investigadores de las universidades de Umea (Suecia) del Sur de Illinois, y de Toronto, han publicado los resultados de su investigación sobre las aptitudes cronestésicas del cerebro humano en el diario Proceedings of The National Academy of Science.




El viajar através del tiempo con la mente consiste en dos series independientes de procesos: unos son los que determinan el contenido de cualquier acto o “viaje” como qué es lo que ocurre, quiénes son los actores, dónde ocurre la acción; es algo parecido al contenido en una película todo aquello que ves en la pantalla; y en segundo lugar están aquellos que determinan el momento subjetivo en el tiempo, dentro del cual ocurren las acciones pasado, presente, y futuro.


Dentro de la ciencia neuro cognitiva, sabemos bastante sobre el espacio percibido, recordado, conocido, e imaginado, pero esencialmente desconocemos todo sobre el tiempo percibido, recordado, conocido, e imaginado.


Cuando recuerdas algo que hiciste la noche anterior estás conciente no solo de que el suceso ocurrió y de que tu estabas “ahí”, como un observador o participante activo (memoria episódica?), pero también sabes que sucedió ayer, es decir, en un tiempo que ya no es más.


La pregunta que estamos haciendo es : cómo sabes que ocurrió en un momento que no es el ahora?




El punto del estudio es develar cual es, específicamente, la habilidad que tiene nuestro cerebro para navegar a través del tiempo subjetivo sin perder la brújula temporal.


Y al parecer la respuesta esta en su capacidad cronestésica.

Cuando transmitimos información a través de neuro conexiones esto se hace de manera indistinta, hablando desde un punto de vista totalitariamente objetivo.


Cómo es nuestro cerebro capaz de percibir y posteriormente indicarnos que esa escena o sensación que estamos proyectando es parte de un episodio pasado, presente, o futuro?
Cómo dilucida en un fascinante proceso automatizado si se trata de una percepción impresa en el ahora, o si por el contrario es un recuerdo archivado o una proyección futura?
La respuesta, según este grupo de investigadores es relativamente sencilla : nuestra mente puede viajar en el tiempo y regresar al “ahora” para compartirnos la información que recabó en otros puntos de la dimensión temporal… todos somos crono nautas!




Nuestro cerebro está diseñado para percibir el futuro


Estudio de la Universidad de Cornell concluye que más allá de la capacidad de presentir nuestro cerebro puede, literalmente, percibir el futuro; aparentemente la ciencia se prepara ya para replantear su modelo de relación entre la mente humana y el tiempo.

No se trata de predicción sino de percepción.
El cerebro humano está diseñado para percibir cualquier elemento dentro del flujo de tiempo : pasado, presente, y también futuro.
Hasta ahora se habían realizado diversos experimentos, algunos de ellos científicos y otros en un plano tal vez más esotérico, que apuntan a la capacidad humana de predecir el futuro.
Para ello se ejerce una especie de intuición que nos permite presentir lo que va a pasar.

Por otro lado está el campo de la estadística, una disciplina que busca develar patrones a partir de información pasada y con base en ellos predecir comportamientos futuros.
Sin embargo, pocas veces se ha hablado en términos de percepción, la capacidad de preveer lo que aún no ha sucedido.

Pero hoy al parecer las cosas han cambiado y la ciencia podría estar obligada a replantear algunos de sus postulados “inamovibles” frente al tiempo.
El profesor Daryl Bem de la Universidad de Cornell ha realizado una lúcida investigación en torno a la percepción del tiempo por parte de nuestro cerebro, titulada Feeling the Future (sintiendo el futuro).


En ella Bem presenta evidencia empírica, bastante convincente, confirmando que en ciertas ocasiones muchas personas pueden literalmente percibir acontecimientos futuros.

Pero tal vez lo más sorprendente de todo esto no es en sí la confirmación de esta habilidad psíquica resguardada en el cerebro humano y tal vez mitigada o suprimida por una programación cultural o educativa.

Muchos pensadores alternativos, así como escuelas de ocultismo y otras disciplinas mágicas, ya nos han hablado sobre estas aptitudes.
Lo que resulta aún más sorprendente para algunos de nosotros es que aparentemente la ciencia “mainstream” parece estar dispuesta a aceptar fenómenos que hasta ahora había negado rotundamente.




Y es que la investigación de Bem, hace un par de meses pero que hasta ahora fue retomada por los grandes medios, ha calificado para ser publicada en el prestigiado diario científico Journal of Personality and Social Psychology, lo cual representa un aval a la seriedad de la investigación y de algun modo predispone a la ciencia para aceptarla.

En este sentido se repite un curioso patrón que se manifiesta, a grandes rasgos, de esta manera: por siglos la razón, y en especial la ciencia, ha “monopolizado” la capacidad de designar las cosas como falsas o verdaderas.


A partir de los preceptos emitidos por los hombres de ciencia se gestan modelos educativos y formas culturales que permean el pensamiento colectivo de una sociedad, en particular dentro del mundo occidental.

Generalmente no es de un recinto científico de donde emergen originalmente estos cuestionamientos sino de la propia población.
A partir de memes o tendencias alternativas de pensamiento liberadas por mentes “rebeldes” la población comienza a comprobar que existen cosas que supuestamente no deberían de existir y viceversa.


Una vez que esta corriente se ha generalizado, o al menos que ha alcanzado una dimensión significativa, existen científicos que se toman la molestia de jugar con la posibilidad de ser y eventualmente diseñan métodos para comprobar científicamente fenómenos que estaban completamente pre descartados por la ciencia establecida.

En una encuesta realizada en 2.002 por la US National Science Foundation se descubrió que el 60% de los ciudadanos estadounidenses estaban de acuerdo con que existen personas que tienen poderes psíquicos.

Ello nos habla que desde hace al menos ocho años esta idea ya no era exclusiva de un peculiar grupo de personas conformado por “new agers”, ocultistas, brujos, y demás, sino que ya era manejada masivamente y que incluso la mayoría de la población estaba a favor de esta postura y no a favor de la rotunda negación científica ante este fenómeno.


Posteriormente el proceso por el cual algunos científicos completamente acreditados dentro de las más altas esferas de la academia y la ciencia se sienten atraídos ante la posibilidad de reconciliar la intuición popular sobre fenómenos paranormales con rigurosas pruebas que acatan el método científico.


Una vez comprobados dichos sucesos “extraordinarios” a partir de sus propios métodos la ciencia comienza a flexibilizarse, lentamente, hasta que llega un punto en el que no puede evadir la necesidad de replantear algunos de sus pilares.


Y precisamente es en esta fase en la que nos encontramos frente a la posibilidad de percibir el futuro por parte de la mente humana, y en buena medida este último paso ha sido dado gracias a la significativa aportación del profesor Bem.

Ahora lo que toca, además de la próxima publicación ofical de esta investigación en el Journal of Personality and Social Psychology, es el replicamiento de los experiementos de Bem por parte de diversos miembros de la comunidad científica.


Hasta ahora, un adelanto del estudio ha sido ya publicado en el sitio personal del profesor y desde ahora ha generado una conmoción alrededor del mundo a la vez que ha recibido decenas de solicitudes de otros investigadores que desean repetir sus experimentos en busca de confirmar este “descubrimiento”.

De hecho ya están disponibles aquí los “paquetes de replicación” de algunos de los experimentos ejecutados por Bem.
Y en caso de que el hallazgo fuese corroborado en distintos contextos, lo cual podría ocurrir pronto, estaríamos entrando a un nuevo plano en cuanto a preceptos científicos frente a la relación del cerebro humano con el tiempo.


La investigación que respalda el estudio de Feeling the Future fue realizada a partir de nueve experimentos en los cuales participaron más de mil estudiantes de la Universidad de Cornell.
Es importante enfatizar en que el concepto eje de esta investigación no es la predicción, la cual se realiza a partir del análisis de eventos pasados, sino de precognición la percepción consciente del futuro y de premonición el percibir de forma sensible pero inconsciente eventos que aún no suceden.




La idea de “ver el futuro” ha sido históricamente desprestigiada por ejércitos de farsantes, empalagosas columnas astrológicas, y servicios que recurren a ciertos clichés abaratados como bolas de cristal.


Tal vez por esto un cierto sector de la población, que además utiliza a la ciencia como una especie de muleta para transitar por la vida dotados de cómoda seguridad, han rechazado tajantemente la posibilidad neuropsíquica de percibir más allá del modelo lineal de flujo temporal.


Pero Bem busca desmarcarse de conceptos como el de paranormal o el de psiquismo y más bien utiliza el termino psi para describir el campo en donde opera su reciente investigación:
“El término psi denota procesos anómalos de información o de transferencia de energía que son inexplicables en términos de mecanismos físicos o biológicos que ya conocemos.


Dos variantes del psi son la precognición percepción consciente y cognitiva y la premonición aprensión afectiva de un evento futuro que de otra manera no podría ser anticipado por medio de cualquier proceso inferencial que conozcamos.


La precognición y la premonición son en sí casos especiales de un fenómeno más generalizado: la anómala influencia retroactiva de eventos futuros en las reacciones de un individuo en el presente, ya sea que estas respuestas sean conscientes o inconscientes, cognitivas o afectivas”.

Aún esta por verse el resultado de las decenas de réplicas que seguramente reportará el experimento de Bem.

Pero lo que aparece como algo inminente es que estamos mas cerca que nunca de la confirmación científica que exima a la transmisión de información de estar acotada al modelo lineal y secuencial con el que abordamos culturalmente la dimensión del tiempo.




La información viaja por igual del pasado hacia el fututo, con el presente como intermedio, que del futuro hacia el pasado.
Y este paso sería fundamental para la evolución de la consciencia humana.

Nuestra cita con el diseño de un mapa de la realidad basado en posibilidades y no de los absolutos se acerca. Y posibilidad realmente trágica en el futuro de la humanidad sería llegar tarde a ella.


El profesor de Cornell Daryl Bem ha realizado uno de los estudios científicos más controvertidos de los últimos años, mostrando que el cerebro humano es capaz de percibir el futuro y que existe una transmisión de información desde el futuro hacia el pasado, lo cual se conoce como retrocausalidad.


La pornografía puede viajar en el tiempo, revela científico en entrevista con Colbert
Steven Colbert discute con el profesor Daryl Bem sus experimentos sobre cómo el cerebro humano es capaz de percibir pornografía del futuro.


El profesor de Cornell Daryl Bem ha realizado uno de los estudios científicos más controvertidos de los últimos años, mostrando que el cerebro humano es capaz de percibir el futuro y que existe una transmisión de información desde el futuro hacia el pasado, lo cual se conoce como retrocausalidad.


En una entrevista que mezcla tanto la comedia como el asombro ante un tema fascinante, el genial cómico Stephen Colbert y el científico de Cornell discuten uno de los experimentos de Bem, en el que estudiantes universitarios mostraron que eran capaces de recibir información del futuro de unas imágenes pornográficas.
Esto es lo que Colbert llama “porno que viaja en el tiempo”.


En el experimento que mostró porno-precognición, los estudiantes fueron sometidos a una prueba en la que la pantalla se dividía en dos y tenían que adivinar en que parte aparecería la imagen.


Cuando las imágenes no eran eróticas (imágenes emocionalmente neutras), los estudiantes tuvieron un 49.8% de efectividad en adivinar dónde aparecería la imagen, pero cuando eran eróticas (aunque no sabemos con exactitud qué tipo de porno prefiera el Dr. Bem) los estudiantes acertaron en un 53.1%.
El experimento se repitió en varias ocasiones y los resultados mostraron que las imágenes pornográficas eran anticipadas con mayor efectividad en todos los casos.




Aunque esto parece poca diferencia porcentual, este porcentaje es estadísticamente significativo al punto que se considera como científicamente valido decir que los estímulos que las imágenes pornográficas ocasionarán en el futuro pueden ser detectados en el presente.
“Lo más sobresaliente es que se observan las respuestas fisiológicas 2 o 3 segundos antes de que aparezca la imagen, antes incluso de que la computadora decida qué imagen presentar, si una estimulante o una no estimulante”, dice el Dr. Bem, quien cree que a nivel cuántico se podría estar transmitiendo la sensación provocada por la porno del futuro (algo que a escala subatómica ya han probado Aharanov y Tollasen).


Otro interesante estudio de retro causalidad realizado por el Dr. Bem descubrió que, paradójicamente, estudiar para un examen después de haberlo completado ayuda a mejorar los resultados: de manera increíble es posible que si no estudiaste para un examen y estudias después puedas salvar un poco tu calificación (algo como la píldora cuántica del día después).
En el estudio se mostró a 100 estudiantes una lista de 48 sustantivos en una computadora y se les pidió que los visualizaran.


Después se les hizo un examen sorpresa de memoria sobre cuántas palabras podían recordar.
Luego una computadora revisó la misma lista y escogió de manera aleatoria 24 de estas palabras sin ninguna intervención humana.
Antes de que se fueran se les pidió a los estudiantes que revisaran la palabras que había escogido la computadora y las escribieran.
Cuando el Dr. Bem revisó los exámenes encontró un extraño patrón.
Descubrió que los estudiantes habían tenido mayor memoria para las palabras que había seleccionado la computadora y habían leído y escrito después de haber hecho el examen. Las otras 24 palabras fueron menos recordadas.


“Los resultados muestran que practicar un grupo de palabras después del examen de memorización, de hecho, atraviesa el tiempo para facilitar el recuerdo de esas palabras”, dice el Dr. Bem.




Los resultados de los experimentos de este profesor de la Universidad de Cornell han sacudido a la comunidad científica.


Algunos científicos cuestionan el método de Bem, pero lo cierto es que su trabajo, para publicarse en el Journal of Personality and Social Psychology, fue revisado por colegas suyos, cumpliendo el protocolo que marca la ciencia.
Asimismo, el Dr. Bem es un científico de alto prestigio cuyo trabajo sobre autopercepión es parte de los libros de texto escolares en Estados Unidos.
A la luz de esta posibilidad de que la información pueda viajar del futuro hacia el pasado la frase popular “nunca es demasiado tarde” toma un nuevo sentido, como si la persona que dijo esto por primera vez hubiera recibido información del futuro.


El futurismo emocional : accediendo al futuro através de los sentimientos
La intuición como herramienta súper sofisticada para procesar información y traducirla en sentimientos; estos acceden al futuro con mucho mayor precisión que el análisis racional.
“El futuro ya no es lo que solía ser“
Desde tiempos inmemoriales, supongo, el ser humano ha coqueteado con una especie de aptitud psíquica que consiste en poder predecir el futuro.





Y ya sea a través de taroteros, pitonisas, lectores de sueños, manos, café, e incluso espárragos, miles de personas ansían conocer lo que les depara e incluso pagan grandes sumas de dinero a quienes les ofrecen ayudarlos–.


Lo anterior resulta un tanto extraño pues, si en verdad accedieras al futuro a través de una vidente a quien recién diste unos cuantos dólares, entonces el futuro, su imagen, formaría ya parte del presente y eso llevaría, tal vez, a que ese próximo escenario se diluyera o sustituyera. ¿O no?
Pero, más allá de reflexiones semi-filosóficas sobre la añeja búsqueda del ser humano por tener acceso a los eventos que le conciernen y que, de acuerdo al modelo de tiempo lineal, aún no han sucedido, aparentemente nuestro pase de entrada al vislumbrar acontecimientos futuros, se encuentra alojado en un recipiente mucho más cercano y accesible de lo que muchos pensarían: los sentimientos.


Esta es precisamente la idea detrás de un nuevo estudio desarrollado en la Universidad de Columbia, el cual parte de la premisa que aquellas personas que confían más en sus sentimientos, tienen significativamente más probabilidades de hacer predicciones acertadas.
Incluso, los investigadores que participan en el proyecto han dado a este fenómeno el nombre “efecto del oráculo emocional”.


La investigación incluye el análisis de ocho estudios previos, realizados durante los últimos años, que tenían como objetivo medir el nivel de aciertos en predicciones ante eventos como la candidatura interna de los demócratas, para presidente, en 2.008, el comportamiento del clima, los movimientos del índice Dow Jones, o el ganador de American Idol.


A lo largo de dichos estudios, los investigadores confirmaron que aquellas personas que depositaban mayor peso en sus sentimientos, los cuales de algún modo son causa y/o efecto de eso que llamamos intuición, habían tenido mucho mayor porcentaje de aciertos en sus predicciones que el resto.
La anterior afirmación resultó de los siguientes datos: en las predicciones sobre la carrera demócrata a la candidatura presidencia, el 72% de aquellos que declararon confiar más en sus sentimientos que en las estadísticas o el contexto informativo, acertó al ubicar a Obama, y no a Hillary Clinton, como candidato; esto contra el 64% de aciertos en el grupo de personas que se mostraban escéptico ante la sugerencia de su intuición.


El mismo fenómeno se repitió en el resto de los casos, ya que el grupo de los “sentimentales” fué 17% más acertado en la predicción del nuevo American Idol, y 25% en el caso del Dow Jones.


Intuición/Sentimiento sobre Estadísticas/Razón


Algo curioso es que al repasar este estudio, el cual por cierto se titula “Feeling the Future : The Emotional Oracle Effect”, podrías afirmar que la intuición es no solo más efectiva que la información cuando se trata de predicciones, sino que ambos criterios son opuestos o excluyentes.
Pero lo cierto es que parece que la intuición, o los sentimientos, indirectamente también toman en cuenta, toda la información que hayas almacenado, a lo largo de tu vida, sobre el contexto dentro del cual se incluye el fenómeno a percibir.
Es decir, la intuición pudiese ser una especie de recurso cognitivo, bastante avanzado, para procesar grandes cantidades de data.


De esta forma, al depositar tu confianza en lo que te indican los sentimientos, no significa que estés ignorando la información que posees sobre algo, sino que simplemente estás legando a la herramienta intuitiva, y no a la racional o estadística, la tarea de digerir la información y sugerirte una respuesta.


“Cuando confiamos en nuestros sentimientos, aquello que se siente como correcto o como erróneo, resume todo el conocimiento y la información que hemos adquirido inconscientemente sobre el mundo que nos rodea.
Es este conocimiento acumulado, el cual nuestros sentimientos resumen para nosotros, lo que nos permite hacer mejores predicciones.


En algún sentido, nuestros sentimientos nos dan acceso a una privilegiada ventana de conocimiento e información y a la cual un razonamiento más analítico bloquea” afirma el profesor Michael Tuan Pham.


Al comienzo de este artículo seguramente todos nos sorprendimos gratamente con el hecho de que los sentimientos son mejor brújula para adelantarnos hacia el futuro que el análisis racional o la estadística.
Pero en realidad lo que es francamente maravilloso, es esta nueva concepción de la intuición como un modelo hiper-sofisticado de procesamiento informativo que, en cuestión de segundos, nos permite repasar toda la data que inconscientemente tenemos respecto a un cierto contexto.


Y si consideramos que nuestro inconsciente acumula una cantidad de información mucho mayor que la que acumulamos en forma consciente, entonces resulta aún más sorprendente el mecanismo intuitivo.
Precisamente en esta nueva perspectiva cognitiva sobre la intuición radica el enorme valor, por ser algo exquisitamente novedoso, de este estudio.



Ya en alguna ocasión habíamos tenido la oportunidad de hablar sobre la pre-cognición, el “arte” de sentir no de percibir el futuro.


En 2.010 hicimos alusión al trabajo de Daryl Behm, de la Universidad de Cornell, que se propuso probar empíricamente el que nuestro cerebro esta diseñado para, literalmente, sentir la totalidad de la línea del tiempo, incluidos pasado, presente, y futuro.
Si embargo, en ningún momento se había vinculado esa facultad humana con la posibilidad de que la precognición, o las regresiones, tengan algo que ver con un increíble mecanismo de procesamiento informativo.


Un par de reflexiones


Y para terminar, me gustaría compartir un un par de reflexiones: la primera de ellas es en torno a ciertas prácticas mágicas o esotéricas, diseñadas para estimular la presencia de habilidades extrasensoriales en una persona, por ejemplo, la percepción del futuro.
El entrenamiento del discípulo generalmente conlleva la limpieza de ciertos conductos de percepción que han sido atascados ya sea por bloqueos culturales, por miedos, o por simple falta de uso.
Y las prácticas están orientadas a liberar dichos conductos en busca de lograr una mayor sensibilidad.


Esta sensibilización de algún modo esta ligada al acto de purificar el espacio que separa la mente de los sentimientos, o en otras palabras, entre más limpia sea nuestra interacción con la fuente de neustros sentimientos, más prolijo será el desarrollo extrasensorial.
La segunda de las reflexiones tiene que ver con la Teoría de la Reminiscencia que respaldaba Platón.
Este filósofo griego, por cierto un destacado iniciado de las tradiciones ocultas, afirmaba que el conocer básicamente consistía en recordar aquello que el alma, previo a adherirse al cuerpo físico, había observado toda la información existente.


De acuerdo con esta teoría, la percepción sensible de los objetos despierta en el alma, por su semejanza con las ideas, el recuerdo de las ideas olvidadas.
Y entre más afinada sea nuestra percepción, vinculado al diálogo intuitivo que mantenemos, mayor información directa podremos recibir, lo cual a su vez detonará mayor información “indirecta”, aquella que alguna vez olvidamos.
Gracias a la labor de Michel Tuan, Leonard Lee, y Andrew Stephen, autores del estudio citado en párrafos anteriores, hoy podríamos postular a la síntesis de nuestros sentimientos, manifestados a través de la intuición, como un resumen acelerado de toda la información que conocemos y, por qué no, de todos los datos existente.


Y en caso de que esto fuese cierto, estaríamos ante uno de los más estimulantes ejemplos de una comunión perfectamente armónica entre mecanismo racionales aunque inconscientes y mecanismos sensitivos, lo cual, una vez más, sugiere que en algún punto no existen contrarios ni excluyentes, todo es, simplemente, la unidad.

domingo, 23 de septiembre de 2012

estaban en un zoológico, no en el Ártico

Cachorros de oso polar que se filmaron para 'Frozen Planet' estaban en un zoológico, no en el Ártico

Pequeña mentirijilla de la BBC: Como todos sus documentales, 'Frozen Planet' (planeta helado) de la BBC es fascinante y exquisitamente filmado. Su equipo ha captado cosas sorprendentes, incluyendo el tornado de hielo que se arrastra. Por desgracia, engañó a sus televidentes cuando fingió una escena crucial de osos polares en un zoológico.

'Daily Mail' ha destapado el pastel. En el quinto episodio de la serie documental 'Frozen Planet (Planeta Helado)' su director y presentador, David Attenborough, simuló estar en el Ártico. Pues bien, su mentira era burda a la par que la temeraria.

Su equipo y él no estaban muy lejos de los estudios centrales de la BBC. Como si estuvieran grabando una película de poco presupuesto, se desplazaron a un zoo holandésy grabaron a unos osos polares, obviamente bastante domesticados.

La nieve artificial hizo el resto. ¿Acaso pensaban que hasta el día de hoy iba a pasar desapercibida? Los redactores de 'Daily Mail' han denunciado el engaño que sufrieron ocho millones de "devotos seguidores" el pasado 23 de noviembre.

La emisión comienza con un plano fijo. El narrador observa a una osa polar y cuenta: "Empieza a cavar un profundo nido. Una vez que ha conseguido la suficiente profundidad, prepara la guarida. Entonces se tumba y espera a que sus cachorros nazcan mientras el invierno llega". La desfachatez es clamorosa, sin duda.



Sobre el escaso hielo: Sir David Attenborough con un oso polar anestesiado en Svalbard durante el episodio siete de la exitosa serie planeta helado


Preparación para los recién llegados: El nido falso que se construye en un zoológico holandés, antes del nacimiento de los cachorros de oso polar


No es lo que parece: La 'Madrigera' en el zoológico fue construido a partir de yeso y madera, construida debajo del recinto de los osos polares . Fue equipado con cámaras poco antes del nacimiento


¿Falso? Lo que los espectadores vieron en Planeta Helado resultó no ser filmado en la naturaleza, pero si en un zoológico de Holanda
Los BBC documentales sobre la vida salvaje son algunos de los más respetados en el mundo y es muy sorprendente que fueran a llegar tan lejos para engañar a sus espectadores y en última instancia llegar a perjudicar su credibilidad.

Si esto es cierto ¿Qué otra cosa han estado fingiendo?

sábado, 22 de septiembre de 2012

que provoca el miedo?

 Uno de los “regalos” más cruciales que la naturaleza ha proporcionado a los seres vivos es el miedo, un complejo mecanismo psicofisiológico que, durante millones de años, ha marcado en gran medida las pautas de la evolución. Su presencia en los seres humanos ha determinado, como ninguna otra emoción, la diferencia entre estar vivo o muerto, y con el paso del tiempo se ha convertido en la más efectiva herramienta de control y dominio sobre los demás.  
Resulta paradójico cómo algo que cuando surge de manera natural –y que tendemos a rechazar y a evitar–, lo busquemos artificialmente con anhelo –e incluso paguemos por vivirlo– como vía de satisfacción y placer. El miedo, en la sociedad moderna, cumple esa doble función, pues si bien es cierto que las situaciones de miedo no buscadas no resultan agradables, cuando éstas son previsibles y tenemos la posibilidad de ejercer sobre ellas cierto grado de control, se pueden llegar a convertir en placenteras. Los deportes de riesgo, el cine de terror o una “montaña rusa” son ejemplos cotidianos en los que se puede buscarlo de forma intencionada.
 
Es posible que el miedo subyacente a todos los demás miedos sea la muerte, ya sea la propia o la ajena, y es por ello que en torno a la misma han crecido toda suerte de elementos que lo auxilian. Vampiros, muertos vivientes, espíritus que nos atenazan desde la ultratumba... Y gracias a ello, el de la muerte es un miedo sobre el que se ha erigido muchas veces el poder, que lo utiliza como medida de coacción. No obstante, por regla general, el componente desagradable del miedo nos ha salvado la vida durante millones de años, puesto que ha constituido uno de los sistemas de aprendizaje más efectivos para los seres humanos, aunque también es cierto que su descontrol puede conducir a trastornos y patologías de gravedad variable como los ataques de pánico y las fobias. Y aunque todos hemos sentido miedo en alguna ocasión, se hace necesario definirlo para comenzar a entenderlo y, sobre todo, a controlarlo:
  “El miedo –según los profesores de la UNED Fernández-Abascal, Martín Díaz y Domínguez Sánchez– es una emoción primaria negativa causada por un peligro presente e inminente, por lo que se encuentra muy ligada a la situación que la genera. Es una señal emocional de advertencia de que se aproxima un daño físico o psicológico, que implica también inseguridad respecto a la propia capacidad para soportar o manejar una situación de amenaza. La intensidad de la respuesta emocional de miedo depende de la incertidumbre sobre los resultados”. A través de la psicóloga clínica Elena Gómez Rey completamos esa definición al puntualizar que el miedo “lo reconocemos a través de una serie de cambios fisiológicos relacionados con el sistema nervioso autónomo y el endocrino”. Además, según ésta, “su sentido básico es el de protección ante estímulos peligrosos, pero el ser humano, por su forma de vida, saca de contexto el carácter innato del miedo y lo versiona en estados similares sin esa función protectora”, concluye. 
Y es que, como toda emoción, el miedo desempeña una función social al permitir a los demás, a través de nuestras palabras o gestos, determinar aproximadamente lo que nos sucede y predecir lo que puede ocurrir, lo que implica, al menos una tercera función: la llamada conducta emotiva, que se refiere a la acción que emprenderemos a consecuencia del mismo.
 
La química del miedo

Ligado al instinto de supervivencia, el miedo tiene un poderoso componente fisiológico que nos ha acompañado a lo largo de la evolución, aunque hasta épocas recientes no hemos conocido al detalle sus mecanismos internos. El hecho de que sea una respuesta bioquímica automática ante una situación que amenaza el bienestar y la integridad física de quien la padece, implica cierto grado de conocimiento previo por parte del sujeto respecto a la potencialidad agresora del agente desencadenante, así como de la falta de control sobre el mismo o de la posibilidad de una rápida adaptación a tal circunstancia con vistas a atenuar los efectos nocivos. Es decir, teóricamente, no se puede tener miedo de aquello que se desconoce por completo o lo que es lo mismo: aprendemos a tener miedo de determinadas cosas a lo largo de nuestra vida. No obstante, para algunas escuelas psicológicas existen estímulos que, de forma innata y sin aprendizaje alguno, son desencadenantes de reacciones de miedo, como el dolor, el ruido o la inesperada pérdida de soporte, que son los tres tipos de amenazas a las que los expertos llaman “repertorio de supervivencia”. Así pues, el miedo es un catalizador que actúa sobre la química de los humanos y de los animales generando una respuesta encaminada a poner al servicio de la supervivencia –ya sea para defender, atacar o evadirse– todos los recursos biológicos de quién lo padece, para lo cual desempeñan un papel protagonista los sistemas nervioso-autónomo y endocrino.
 
La amígdala es, de alguna manera, el centro de control que determina si a priori una situación es potencialmente peligrosa o no y, por lo tanto, la encargada de iniciar el camino hacia el miedo. Se trata de una especie de alarma que se activa sin criterios de selectividad, lo que quiere decir que, tal vez, el estímulo desencadenante que comienza a movilizar los recursos físicos quizá no sea percibido tras una mínima evaluación como una amenaza real.
 
Dos ejemplos muy gráficos de lo que decimos serían los que nos brindan la irrupción de un ruido muy fuerte, como el generado por una atracción pirotécnica, o la inesperada aparición de un rostro desagradable en una película. En ambos casos, la amígdala se activa y nuestro cuerpo comienza a experimentar algunos cambios asociados con el miedo, pero el proceso no desemboca en un ataque, en una acción de defensa o en una huida, porque conscientemente evaluamos la situación y decidimos que, por encima del sobresalto inicial, no hay realmente una situación peligrosa. Pero, ¿qué sucedería ante el ataque de un animal o la inminencia de una caída por un desfiladero evaluada correctamente como peligrosa por la amígdala? En esas y otras circunstancias similares, el control se deja en manos del sistema nervioso simpático “y la médula suprarrenal que va a generar hormonas como la epinefrina y norepinefrina; si se mantiene la situación, se pasa de la reacción de alarma al periodo de resistencia y el control pasa de la médula a la corteza suprarrenal y a la adenohipófisis; las hormonas implicadas son las denominadas antiflogísticas –rebajan los procesos inflamatorios– y están relacionadas con el metabolismo de azúcares en el organismo –glococorticoides: hidrocortisona, corticosterona y cortisona–, por consiguiente, se relacionan con el aporte de energía al mismo en la fase de resistencia”, señala Gómez Rey. A este cóctel de hormonas que comienza a circular por el torrente sanguíneo se suma, en periodos más prolongados, una disminución de la actividad tiroidea, lo que se traduce en una menor secreción de su hormona estimulante y de la hormona del crecimiento, así como un ralentizamiento del sistema inmunológico, un bloqueo de las funciones sexuales, la eliminación del apetito y cualquier otra función innecesaria.
 
Los efectos del “chute”

Los efectos externos de todo ello son un incremento de la frecuencia cardiaca y el latido del corazón con vistas a garantizar el traslado de oxígeno, hormonas y nutrientes, la elevación de la tensión arterial y el aumento de la frecuencia con la que se respira. En esos momentos se da una mayor tensión muscular generalizada, con un aumento del metabolismo para proporcionar nutrientes y energía vinculada directamente a un incremento de la glucosa en sangre, lo que estimula el cerebro. También aumentan los factores de coagulación sanguínea, se produce una reducción de la temperatura y una vasoconstricción periférica para favorecer el riesgo en las extremidades, lo que acarrea palidez facial. Es por ello que utilizamos la expresión “me quedé blanco de miedo” cuando sentimos esa experiencia.

Ante la espectativa del miedo, la actividad mental se incrementa para poder procesar, a gran velocidad, la mayor cantidad posible de información, hecho que permite que se agudicen los sentidos, especialmente la vista, que manifiesta su potenciación con una dilatación muy importante de las pupilas y una ampliación del campo visual destinada a obtener el mayor número de datos posibles. Además, la garganta se seca, aumenta la sudoración fría –con el objetivo de refrescar el cuerpo– y el pelo se eriza. Incluso pueden relajarse los esfínteres y perderse el conocimiento. Así, en cuestión de segundos, y por influencia de todos estos factores, se pasa de una parálisis generalizada a una incipiente acción física.

La evaluación de la situación que ha generado de forma automática e inconsciente todo este cúmulo de reacciones fisiológicas conducirá, de forma consciente, a tomar una decisión para la que el cuerpo ya estará preparado: huir del peligro o evitarlo es la primera opción, la más común y a la que genéticamente estamos predispuestos; mientras, defendernos del mismo o atacar son las alternativas.
 
Por mucho que nos pese, simplificando al máximo lo expuesto, parece obvio que una de las diferencias frene a una misma situación de riesgo vital entre una persona viva y otra que se creía inteligente pero está muerta es, precisamente, el miedo de la primera. El hecho de que busquemos miedos artificiales hace que nos planteemos hasta qué punto podemos regular esa reacción y revertir su condición de amenaza. Aunque todo ocurre en porciones de segundo, parece obvio que en nuestro cerebro se accionan niveles de conciencia diversos para enfrentarnos a una situación de emergencia. La primera sería inconsciente, primitiva y regulada por la amígdala; la segunda, gracias a la información captada, determina el nivel de gravedad de la situación y las alternativas que se presentan para hacerle frente más allá de las instintivas de huir o luchar; finalmente, la última acción se corresponde con la decisión tomada, que puede ser huir saltando al agua desde una gran altura, golpear a un fiero animal con algún objeto contundente o, sencillamente, apretar las manos, cerrar los ojos y gritar… mientras descendemos vertiginosamente en el vagón de una montaña rusa.