La Historia, no está para juzgarla, sino para estudiarla. ¿Cuál es el error más común y más grave que cometemos al estudiar o abordar de cerca la Historia? Que no aprendemos de ella las valiosas lecciones que nos ofrece. ¿Y porque no aprendemos? Sencillamente porque juzgamos los acontecimientos históricos en ver de observarlos con mente abierta, imparcial y estudiosa.
Al juzgar la Historia cometemos el error de creernos superiores a los que nos precedieron, afirmamos poseer mayor inteligencia, civilización y educación y cometemos la estupidez de dejar que nos ciegue la arrogancia y la vanidad. Únicamente pueden juzgar la Historia aquellos que la viven en su justo momento, nadie más puede hacerlo. Nosotros, ahora, podemos estar de acuerdo o no con lo que pasara en un determinado momento de la Historia de la Humanidad, pero no podemos juzgar a quienes lo vivieron, pues fueron hijos de su tiempo que reaccionaron según las condiciones sociales, políticas y ambientales del momento, así como la educación que recibieron desde pequeños. Es muy fácil creernos muy “inteligentes” o “civilizados” y exclamar con falso orgullo aquello de:“En esa época yo no hubiera actuado así”. Pero esa afirmación sólo demuestra cuán ignorante puede ser quien la dice. Si nosotros, que tan adelantados nos creemos, tan cultos y educados de mente, tan superiores civilizadamente, hubiéramos nacido en la Roma Imperial, veríamos tan normal ir al Coliseo, o anfiteatro, a ver luchar y morir en inmensas escenificaciones sangrientas a los gladiadores o ver ejecutar a miles de reos en diferentes y refinadas torturas, porque sería la cosa más “normal” del mundo; o si fuéramos aztecas de la ciudad de México-Tenochtitlan, llevaríamos a nuestros hijos al recinto ceremonial para ver de cerca los miles de sacrificios anuales, oliendo el olor a carne y sangre humana descompuesta, los escalones de los templos tintados de rojo, los decenas de miles de cráneos ensartados en varas y los cuerpos humanos despiezados y colgados de ganchos para su consumo por la población, porque es lo más “normal”; o si fuésemos franceses, alemanes, ingleses, españoles o holandeses, ir a la plaza del pueblo a observar como la Justicia y la Iglesia queman a brujas, herejes o poseídos en grandes fogatas, siendo la cosa más “humana y normal del mundo”. De tal forma, si hubiéramos vivido en la Alemania nazi de Hitler, aunque no fuéramos nazis, sí estaríamos convencidos de que la grave crisis económica y la pobreza del pueblo se basaban en las injusticias cometidas por los aliados contra Alemania, en la actuación de elementos subversivos comunistas y en el acaparamiento de poder económico por parte de los judíos, elementos también instigadores para acabar con la gloria germana.
No hace falta irnos a momentos del pasado para encontrar este tipo de ejemplos, pongamos uno actual para demostrar que nos somos más “civilizados” ni “inteligentes” que los que nos precedieron. Mientras estamos aquí debatiendo si somos más listos o no, consentimos que nuestros dirigentes y las empresas multinacionales destrocen el planeta, consumiendo a un ritmo desenfrenado los recursos naturales. Añadimos nuestro grano de arena al exterminio del medio ambiente entrando en el juego de la obsolescencia programada y del consumismo brutal, sin apenas pararnos a pensar en las consecuencias que nuestra ceguera y arrogancia puedan causar. No me vale que pongamos el grito en el cielo y aseguremos estar luchando por solucionar esto, no, porque en realidad no hacemos nada, por mucho que lo queramos pensar así. Baste con que miren como está conformado su hogar para que se den cuenta de que colaboran en la destrucción del medio ambiente. Asimismo, y esto es lo más grave, vivimos en un mundo absurdo de consumismo desenfrenado en todos los aspectos, siendo lo más grave el despilfarro, en concreto, el despilfarro de la comida. Cada semana se tiran a la basura toneladas de alimentos perfectamente comestibles porque sobran de restaurantes de comida rápida, hoteles, fábricas…, siguiendo unas directrices comerciales implacablemente obedecidas y aceptadas por la inmensa mayoría de la sociedad, mientras que centenares de millones de personas se mueren, literalmente, de hambre. Jamás en la Historia de la Humanidad ha pasado esto que ocurre en el siglo XXI, y cuando dentro de varios siglos las personas nos estudien, dirán aquello de: “los habitantes del siglo XXI eran unos bárbaros, incivilizados, nosotros somos más inteligentes”. Obviamente, están en su derecho de pensar así, tienen razón en cuanto que seguimos siendo bárbaros y nuestra inteligencia no ha subido ni un punto desde la Prehistoria, pero volverían a cometer el mismo error que cometemos nosotros; no pueden juzgar. Nosotros sí podemos hacerlo, y además reparar nuestras equivocaciones.
Una manera de arreglar la grave situación en la que nos encontramos es estudiando la Historia, pues en el pasado de la Humanidad nos vemos reflejados. Estudiando de cerca sus problemas, como los solucionaron o no, podemos aprender y aplicar ese conocimiento en la actualidad. El estudio de conflictos como el de la II Guerra Mundial obedece a ese tipo de cuestiones. La guerra es el fracaso del ser humano en sus relaciones con sus semejantes. En ocasiones la guerra es necesaria, nunca legitima, aunque hoy en día nos quieran engañar con tal cuestión, pero siempre son cruentas, mueren personas y se destruyen animales, propiedades y campos. Es necesario conocer bien que nos lleva a matarnos unos a otros para luchar contra la erradicación de la guerra. Puedes abordar el estudio de la II Guerra Mundial de muchas maneras: solemnidad, humor, cinismo, valor, épica, violencia…, pero hagas como lo hagas no significa que estés de acuerdo o no con lo que escribes, pero debes intentar no juzgar, no debes caer en la tentación de escribir la Historia de acuerdo con tu moralidad. Por eso, alguien que escriba libros sobre la guerra posiblemente esté en contra de ella, pero deja a un lado sus recelos y escribe con la mayor imparcialidad posible. Un ejemplo a seguir para todos los historiadores o divulgadores es Tucídides, destacado autor clásico griego que nos ha legado para la Historia su “Guerra del Peloponeso”, un modelo a imitar por todos en cuanto a neutralidad y amor por la verdad y la Historia.
Por eso, quien escribe libros sobre héroes alemanes de la II Guerra Mundial no es nazi, como no es un caníbal quien escribe libros sobre el canibalismo entre diferentes tribus del Amazonas. Es aberrante etiquetar a los autores de un libro de nazis sólo porque escriben libros de la II Guerra Mundial, y el crimen es aún mayor porque al hacer tal cosa se demuestra que ni siquiera se han leído las obras. Cuál fue mi sorpresa cuando me enteré que ciertos editores y distribuidores, de fuera de España en su mayoría, se han negado a distribuir nuestras obras de temática militar por considerar que son apología del nazismo. Si estas personas se hubieran tomado la molestia tan siquiera de leer nuestras introducciones en todas las obras, se habrían dado cuenta enseguida que los autores estamos en contra del nazismo, del comunismo y de todos los regímenes totalitarios y sangrientos, así como en contra de la barbarie de la guerra y de todas las atrocidades cometidas en ella, como ocurrió en la II Guerra Mundial, atrocidades cometidas por los todos los bandos en litigio, aunque sólo terminaran pagando ante la Justicia los perdedores. Pero es que además, no solamente escribimos libros sobre héroes alemanes, sino también sobre héroes americanos, soviéticos, ingleses, japoneses… y con cierta ironía, hemos constatado que prácticamente los únicos que se venden bien son precisamente los que tratan sobre nazis.
La serie de libros conocidos como CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO obedece, entre otras de menos importancia, a dos cuestiones. La primera es dar a conocer al gran público las motivaciones y los hechos que llevaron a la II Guerra Mundial, dado que en los últimos años está comenzando a crecer una especie de apatía hacia el conflicto no por falta de interés, sino por la manipulación de la Historia por parte de varios sectores empeñados en hacernos creer que el dicho conflicto en realidad fue poco menos que una escaramuza contra Hitler. Por poner un par de ejemplos, desde determinados países, la mayoría de credo islámico claramente fanático, se niega la existencia de los campos de concentración nazis y el intento de exterminio de los judíos por parte de Hitler y sus secuaces; el segundo ejemplo, consiste en negar sistemáticamente, por parte de partidos políticos afines al comunismo o por determinados países gobernados por caciques como Cuba o China, que la extinta Unión Soviética liderada por el criminal Stalin sea culpable de atroces crímenes de guerra y contra la Humanidad, la mayor parte de dichos crímenes contra su propio pueblo. Estos son tan sólo dos ejemplos de los muchos que en la actualidad debemos padecer aquellos que nos dedicamos a estudiar y divulgar la Historia en todas sus facetas. El fanatismo de unos, la ceguera y cobardía de otros y las morales políticamente correctas son el primer paso para borrar nuestro verdadero conocimiento de la Historia y volver a cometer los errores del pasado.
La segunda cuestión es dar al conflicto el punto de vista alemán, pero no el punto de vista puramente nazi, racista, fascista y criminal, sino el de los hombres y mujeres que lucharon por su país motivados por la creencia de que estaban haciendo lo correcto y que se les debían compensaciones por la “traición” de la Primera Guerra Mundial y por el infame Tratado de Versalles, redactado por los ambiciosos, ruines y ciegos dirigentes aliados, que se vieron obligados a firmar y que les supuso entrar en una pobreza económica extrema. El valor humano se encuentra en todos los países, en todas las razas y todas las culturas. Los alemanes de la II Guerra Mundial lucharon con un valor y una tenacidad extrema, contra múltiples enemigos que les superaban en armamento, soldados y, al final, incluso en tecnología. Por una serie de circunstancias, el soldado alemán, por término medio, llegó a ser muy superior al resto de combatientes del conflicto; fueron los mejores soldados de infantería, los mejores pilotos, los mejores estrategas y los mejores capitanes de submarinos, pero nada de eso les sirvió, irónicamente, para ganar la guerra, puesto que la estupidez y ceguera nazi era tan grande, tan patéticos sus dirigentes, acaudillados por Hitler, que era imposible que, a partir de determinado año de la guerra, pudieran ganar. Eso no quita que sus gestas fueran grandes, que en mitad del horror y la muerte sus hazañas brillaran con luz propia, siendo hasta elogiadas por sus enemigos con total sinceridad.
Los libros de CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO son un compendio de esos soldados, héroes que no cometieron crímenes de guerra ni contra la Humanidad, sino que lucharon en defensa de su país, siguiendo órdenes e impulsados por una creencia en la victoria y el honor muy difícil de comprender hoy en día. A pesar de todo, combatieron por ideales equivocados. Tampoco esto quita la responsabilidad que Alemania tuvo en la II Guerra Mundial, pero una cosa es el nazismo, la afiliación a un partido político y compartir sus máximas, y otra muy distinta ser un soldado sin responsabilidades en ese sentido, excepto si sabían lo que estaba ocurriendo y no hicieron nada. En CABALLEROS DE LA CRUZ DE HIERRO no encontraréis criminales, ni asesinos condecorados por haber asesinado civiles, judíos o polacos, ni médicos que hicieron atroces experimentos con prisioneros ni oficiales de las Waffen-SS encargados de realizar fusilamientos masivos contra poblaciones o judíos. Por tanto, nuestros libros de temática militar son una apología al valor de los soldados que luchan contra lo imposible pero aún así no se rinden, y también una apología al respeto y la verdad en la Historia. No son una apología al nazismo, como dicen algunos, y remitiéndome al principio, queda muy clara nuestra postura en todos nuestros libros; sólo hay que tomarse la molestia de leerlos.
Siguiendo esta línea de pensamiento, en el resto de libros de la II Guerra Mundial tenemos los mismos valores a ensalzar: valor, honestidad y verdad, ya hablemos de estadounidenses, ingleses, franceses, japoneses, comunistas… Y del mismo modo, exponemos a la luz las atrocidades cometidas por todos los bandos implicados en la mayor tragedia de la Humanidad. Horribles fueron los campos de exterminio nazis, los sistemáticos fusilamientos masivos por parte de grupos especiales de las Waffen-SS hacia las poblaciones civiles ocupadas y un sinfín de espantosos crímenes más. Pero también fue espantosa la sangría que Stalin hizo sufrir a su pueblo, las ejecuciones masivas de oficiales y soldados rusos por pensar de diferente manera, los millones de campesinos condenados una muerte lenta de hambre y frío porque Stalin les quitó la comida y arrasó sus campos, los millones de civiles sacrificados con tal de conseguir la victoria y mucho más. Igual de malo fueron los bombardeos aliados contra ciudades alemanes donde no existían objetivos estratégicos ni militares, simplemente los hicieron porque podían y deseaban llevar el terror y la muerte a Alemania, por no hablar de las miles de ejecuciones de soldados y oficiales alemanes acusados de falsos crímenes de guerra, o las traiciones a Polonia, Ucrania y el resto de países que luego fueron ocupados por la Unión Soviética. Lo mismo haría Estados Unidos, sobre todo en el Pacifico, donde sus soldados condicionados mentalmente desde el entrenamiento sobre que los japoneses no eran personas sino animales, cometieron contra los soldados nipones, y contra decenas de miles de civiles a los que asesinaron sin contemplaciones, y de la bombas atómicas lanzadas contra ciudades indefensas alegando que de esta forma se salvarían vidas al terminar con la guerra, abominable mentira inventada por los americanos, cuanto que ya está demostrado que Japón deseaba rendirse antes de que se lanzaran las bombas; Estados Unidos las lanzó sólo para demostrar que las tenía. Y yendo al otro lado, Japón fue culpable de las atrocidades cometidas por sus oficiales y soldados contra las poblaciones civiles ocupadas y contra los prisioneros capturados; siendo no tan famosos como los campos de exterminio nazi, los japoneses también tuvieron estos campos donde se asesinaron y torturaron a decenas de miles de personas. Como podrán comprobar, prácticamente no se salva ningún bando de crímenes de guerra y contra la Humanidad, aunque finalmente quienes únicamente pagaran por sus crímenes fueran los alemanes y japoneses, pero esa es la prerrogativa de los que vencen.
En medio de tanta miseria, crueldad, muerte y destrucción, nos quedamos con la valentía, la capacidad del ser humano para medrar ante las más espantosas de las adversidades y superarse a sí mismo. Aprendamos de nuestro pasado para no volver a tropezar con la misma piedra.
Leonardo da Vinci odiaba la guerra, a la que denominaba “locura bestial”, pero al darse cuenta de que esta era inevitable, diseñó gran cantidad de armas muy avanzadas para la época, como por ejemplo ametralladoras de múltiples cañones, torres de sitio, morteros e incluso un vehículo precursor de los tanques modernos, con la intención de ganar el respaldo financiero de personajes con gran peso en la guerra, como por ejemplo el Duque de Milán, Ludovico Sforza y Cesare Borgia de Florencia y así dar a conocer el resto de sus trabajos. Muchos de sus diseños eran algo impensable para la epoca, y algunos fueron el origen de armas que se usan en la actualidad, como la ametralladora o las bombas de racimo, estos son algunos ejemplos. Cañones de asedio diseñadas para bombardear sistematicamente ciudades amuralladas y poner en marcha asi una guerra de desgaste que minara la moral y las defensas del enemigo. Su primer modelo de ametralladora, capaz de hacer varios disparos simultaneos. Un diseño de como blindar un vehiculo, lo que sería el antecesor del tanque. Y su homólogo marino, el antepasado de un acorazado actual. Un cañón de disparos multiples, mas comodo y economico que tener que llevar al terreno varios cañones individuales. Una catapulta con un mecanismo capaz de lanzar proyectiles mas pesados y a mayor distancia. Este es peculiar y asi lo dibujo el propio davinci, unos carros precedidos por cuchillas giratorias diseñadas para cortar al enemigo. Su aspecto ya atemoriza bastante. .Una torre de defensa portatil, diseñada como si fuera un escudo gigante. Bombas de racimo, es sorprendente su similitud con las actuales que tanto daño causan. Ideado en un principio como arma capaz de atacar desde el aire, este es el primer proyecto de un helicóptero. Como curiosidad, esta es la carta dirigida a Ludovico Sforza, duque de Milán, escrita en Florencia la cual fue dada a un escriba para que la caligrafía fuese lo más legible posible, pues la escritura de Leonardo era especular, es decir, no solo escribía de derecha a izquierda sino que las letras solo son legibles si se miran en un espejo. La carta probablemente se escribió en 1482 cuando Leonardo contaba 30 años de edad:
Mi muy Ilustre Señor:
Habiendo visto y examinado suficientemente las invenciones de todos aquellos que se dicen maestros y artífices de instrumentos de guerra, he hallado que, en lo concerniente a diseño y funcionamiento, sus máquinas no son de ningún modo diferentes de aquellas que se utilizan comúnmente. Me atrevo, pues, sin mostrar mala voluntad hacia nadie, a ofrecer mis competencias a Su Excelencia y a informar a Su Señoría de mis secretos, y me ofrezco igualmente a hacer una eficaz demostración de todas ellas en el momento que Su Señoría considere más conveniente…
1. Poseo métodos para construir puentes fuertes y muy ligeros, fáciles de transportar y útiles ya sea para perseguir o eludir al enemigo; y otros más sólidos que no pueden ser destruidos ni por el fuego ni por un asalto…
2. En caso de asedio, sé cómo extraer el agua de los fosos y construir todo tipo de puentes y pasos cubiertos, escalas y otros ingenios adecuados a este tipo de operaciones.
3. Si la plaza sitiada no puede ser tomada por medio de un bombardeo, ya sea por la altura de sus defensas o por la fuerza de su posición, tengo métodos para destruir cualquier fortaleza o reducto aunque se asiente sobre la roca…
4. Poseo cierto tipo de cañón, extremadamente fácil de transportar, que dispara una lluvia de pequeñas piedras, como si se tratara de una granizada, y el humo que despide causa gran terror al enemigo, produciendo las consiguientes bajas y una gran confusión…
5. Conozco métodos para construir silenciosamente túneles subterráneos y pasajes sinuosos que permiten llegar al punto deseado, aun en el caso de que sea necesario pasar bajo fosos o bajo un río.
6. Haré carros acorazados totalmente imposibles de atacar y capaces de penetrar las filas del enemigo con su artillería, y no habrá compañía de soldados tan grande que pueda resistirlos. Y tras ellos podrá seguir la artillería, sin sufrir bajas, sin encontrar resistencia.
7. En caso de necesidad construiré cañones y morteros y piezas de artillería ligera tan hermosos como útiles, muy diferentes de los que se utilizan comúnmente.
8. Allá donde sea imposible llevar a cabo bombardeos, fabricaré catapultas, manganas, abrojos78 y otros muchos ingenios maravillosamente eficaces y de uso poco común…
9. Y cuando la lucha tenga lugar en el mar, tengo muchas máquinas muy eficaces para el ataque y para la defensa, y barcos que resistirán el ataque de los bombardeos, de la pólvora y de los gases.
En resumen puedo idear una infinita variedad de máquinas para el ataque o la defensa. Por cierto, la Warner planea hace una pelicula de accion sobre Da vinci tutulada “Leonardo Da vinci and the soldiers of forever”, donde el inventor se convertira en un action-hero que se enfrentara a demonios biblicos, descubrira civilizaciones perdidas, etc, vamos que independientemente de todo lo que este hombre aportó en la ciencia y el arte, habra Da vinci para rato.
La cultura es el producto del accionar humano, y de su poder creativo y transformador. El hombre crea permanentemente cultura a través de su trabajo, de sus estudios, de su arte y de su ciencia, y las va transmitiendo a través de las generaciones, siendo cada comunidad dueña de una cultura particular, que le da su propia idiosincrasia. Ese conjunto de saberes, producciones y valores, que cada sociedad ha atesorado para que se conserve a los largo de los tiempos, es la cultura que el maestro debe ayudar a sus alumnos a descubrir, y valorar críticamente.
No se trata de adoctrinar, sino de reflexionar sobre nuestros productos culturales y los ajenos, compararlos, y si es posible, mejorarlos. Un maestro que impone contenidos y valores, sin permitir cuestionamientos, estanca la cultura, la cristaliza, y convierte a las nuevas generaciones en esclavos de ideas y pensamientos. Se debe educar para la libertad, para aceptar los valores que se consideran positivos por elección y no por temor al castigo; y si se cuestionan válidamente, saber escuchar, pues tal vez ha llegado la hora del cambio, siempre que los argumentos sean sólidos y legítimos.
El maestro enseña, pero a la vez debe saber escuchar, cada alumno es un ser pensante, que no modelaremos a nuestro capricho, sino que solo orientaremos; poniéndole límites solamente cuando sus conductas afecten a terceros, o a valores universales, como por ejemplo el de la vida.
Recordemos que la cultura avanza y cambia, que los valores pueden cuestionarse y variar su posición en la escala; que el relativismo cultural implica la aceptación de disensos, y que es bueno que los alumnos aprendan a respetar lo diferente; lo que sólo harán si previamente, ellos son respetados.
Los contenidos del proceso de enseñanza aprendizaje son divididos en conceptuales, procedimentales y actitudinales; y son estos los que el docente debe poseer en sentido positivo para poseer enseñar, guiando a sus alumnos a adquirirlos. Si el docente no conoce la materia (contenidos conceptuales) no aporta técnicas para su apropiación (contenidos procedimentales) y no demuestra predisposición para que en el aula reine la armonía, la comprensión, la motivación y la solidaridad (contenidos actitudinales) no se llegará a un resultado satisfactorio y esperado (expectativas de logro). El docente con su presencia y manera de actuar debe transmitir confianza, pero a la vez autoridad. Confianza para que el educando pueda preguntar lo que no se comprende, para aportar y participar en la clase, para comunicar sus angustias y problemas; pero a la vez autoridad, para poner límites cuando corresponda. El docente debe esforzarse en ser puntual, prolijo, corregir a tiempo, cumplir con lo que prometió (si pidió una tarea para un día determinado, no olvidarse de reclamarla; si se fijó cierto día para un examen, evaluar en la fecha designada). Eso lo hará creíble y digno de respeto.
Debe siempre estar dispuesto a escuchar y tratar de comprender, sin generar injusticias, pues si siempre disculpa a los que no cumplen sus obligaciones, el resto de la clase que hizo lo asignado se sentirá frustrado. Una buena técnica podría ser, responder: “está bien, trae tu tarea para la clase próxima pero tendrás un punto menos en tu calificación” siempre que el motivo no sea debidamente justificado (enfermedad certificada, deceso de un familiar, etcétera).
El docente debe motivar sin imponer; tratar de despertar el interés por conocer, por descubrir a través del análisis y la investigación, exponiendo la finalidad de cada tarea; pero para ello el propio docente debe estar motivado para enseñar. Si los alumnos lo notan desganado, sentado en su escritorio, esperando que pase la hora de clase; esa será también la conducta de ellos, por imitación, pues las ganas se transmiten y el desgano también.
Nunca debe olvidar el docente que de él depende en gran medida, la formación integral de una persona, y que cada gesto, palabra y decisión, contribuirá a desarrollar su carácter y personalidad.
Es fundamental que en el docente se privilegien los valores éticos, pues debe educar con el ejemplo, y los alumnos no aprenderán de sus dichos sino de sus acciones.
Toda profesión debe regirse por un código de ética, que a veces está escrito y otras, sobreentendido, pero en la función docente que es formadora de futuras generaciones la ética cobra especial relevancia, y si advertimos actitudes reñidas con la ética en las actitudes o las enseñanzas, debemos, como padres, acercarnos al establecimiento escolar y pedir explicaciones; y en caso de no ser escuchados, recurrir a los directivos y, en su caso, al resto de los superiores jerárquicos.
El maestro es un ser humano, y como tal, hay buenos y malos; pero no se puede permitir que quien no tenga incorporada la ética en su conducta individual y social, esté al frente de un curso, destinado a la formación integral de nuestros niños. Pueden considerarse conductas poco éticas: insultar o maltratar a los niños, denigrarlos, aplicarles castigos innecesarios, predicar ideas reñidas con la moral o la ley, ausentarse de la clase sin motivo, presentarse desalineado, no escuchar los reclamos de los niños, discriminarlos, no respetar las diferencias personales, etcétera. No debemos temer en presentarnos al establecimiento a hablar con el maestro, pues los padres pueden tener conocimientos tergiversados sobre las actitudes del docente, ya que no están presentes en la clase, y los dichos de los niños pueden ser erróneos, o cambiar ciertas circunstancias para evitar retos familiares o quitarse culpas. Sin embargo, siempre debe escucharse a los niños y dialogar con los docentes y directivos a fin de aclarar los hechos que motivaron la queja del niño (“la maestra me insultó” “me trató de tonto”, “me comparó con otro niño” etcétera).
Si solo se trató de un error el niño, se habrá sentido escuchado y el maestro con derecho a rectificarse o argumentar su actitud; si el hecho resulta comprobado, y hay persistencia en la conducta; se debe preservar ante todo la salud física y espiritual del niño, y accionar reglamentariamente contra el docente.
El aprendizaje apreciativo tiene una gran relación con lo valores y los contenidos actitudinales. Se trata de formar en los estudiantes la capacidad de reconocer y elegir lo que resulta positivo para sus vidas, despertando en ellos sentimientos de admiración, respeto, enojo, alegría, rebeldía, etcétera.
Maravillarse ante una obra de arte o ante la obra de la naturaleza, sentir el placer de una lectura, conmoverse u horrorizarse con ciertos hechos históricos, y admirar otros, etcétera, es aprender con el alma, además de con la mente, lo que construirá a lograr aprendizajes más duraderos, sólidos e integrales, contribuyendo a formar personas plenas, capaces de manejar sus vidas con libertad pero también con responsabilidad y buen criterio.
Se trata de educar y no de adoctrinar, de que sientan rechazo hacia valores negativos, no porque se lo dijimos y los castigamos si opinan lo contrario, sino porque eligieron oponerse a ellos luego de conocerlos y comprender su negatividad; y de que al contrario lo positivo sea parte de sus vidas por su propia elección, porque les mostramos su belleza, su finalidad moral, su importancia práctica, residiendo allí nuestra función docente, en guiarlos en la búsqueda de una escala valorativa que los realice en su dignidad humana.
Para elegir libremente y apreciar lo que descubren, debemos abrir las puertas al conocimiento. Se opta por algo cuando se lo indaga, se lo goza y se lo incorpora como propio porque hace bien. Ya ha quedado atrás, o al menos debiera ser así, que nuestros jóvenes repitan o incorporen sin vivenciar, los resultados de nuestra cultura.
Muchas de las leyendas y temores de la humanidad están relacionados con una parte intangible que nos acompaña donde quiera que vayamos, la sombra.Estos temores se remontan a tiempos ancestrales donde la sombra tenía un gran papel en creencias populares. Aquí hay algunas de ellas: Antiguamente, la gente supersticiosa buscaba en las sombras que proyectaban los troncos que ardían en la chimenea la imagen de una silueta humana sin cabeza. Esto significaba que la persona que la proyectara moriría antes de la próxima víspera de Navidad. Este era el plazo para los cristianos, pero en épocas anteriores se utilizaron otras fechas celestiales o estacionales. No cabe duda de que las sombras ocupan una parte importante de los miedos relacionados con el cuerpo, ya que su presencia o ausencia, como le sucedía al personaje de ficción Peter Pan, estaba relacionada originariamente con creencias religiosas y paganas. Las interpretaciones más antiguas del cuerpo y el alma afirmaban que la segunda podía, bajo determinadas circunstancias, abandonar la envoltura carnal y alejarse de camino a la otra vida. También se creía que el alma estaba conectada a las sombras, muchos temían que un ser extraño, como un fantasma, se adueñara de la sombra (y por tanto, del alma). Una de las circunstancias en las que la persona podía perder el alma sucedía cuando un vampiro se acercaba por detrás y clavaba la sombra de la víctima en la pared. De este modo, el ente maligno tomaba posesión del cuerpo. Esta situación solo podía solucionarse clavando una estaca en el corazón de la sombra La sombra de los difuntos también había que protegerla de posibles infortunios. En la Europa medieval existía la creencia de que, si una persona moría por la noche y si su espíritu -o lo que es lo mismo, su sombra- se alejaba, existía el peligro de que cruzara por una extensión de agua -un río, un lago- y no pudiera llegar a la otra vida. En este caso, la sombra volvía al cuerpo de su dueño Y se convertía en un muerto ambulante, una variedad de vampiro. De ahí nació la costumbre de tapar los barriles que contienen agua de lluvia y el afán de algunos pueblos por construir puentes. Una leyenda africana dice que los integrantes de algunas tribus evitan atravesar un espacio abierto al mediodía por temor a perder su sombra. No sienten temor por la noche, en la oscuridad, al no ver la sombra, porque creen que de noche todas las sombras reposan en la sombra del gran dios y toman nuevo poder. Tras la “recarga” nocturna, vuelven a aparecer fuertes y grandes por la mañana; es decir, creen que la luz del día se come la sombra en lugar de crearla. El caso es que a lo largo de los años las sombras seguran fascinando y asustando a partes iguales.
Las Hurdes, tierra de misterios Estaría bien situarnos un poco en el espacio y en el tiempo en los que sucedieron estos y muchos otros acontecimientos misteriosos en éste inhóspito rincón de la España profunda. Hoy en día, los 600 kilómetros cuadrados que conformaron el “país hurdano”, territorio situado a caballo la provincia de Cáceres y Salamanca, han dado un giro radical en todos los aspectos y para mí personalmente, es una de las zonas más bellas de España. Pero durante muchísimos años, esta zona fue considerada por muchos, (algunos que jamás llegaron a pisarla), como la representación más fiel del infierno en la tierra. La primera referencia histórica de las Hurdes puede encontrarse siglo XVII en la obra “Curiosa Philosophiae” (”Curiosa filosofía”) del filósofo jesuita Juan Eusebio Nieremeberg, más conocido como el Padre Nieremberg. Éste describió Las Hurdes en los términos desoladores: “Existe en este reino un áspero valle infestado de demonios, un lugar que los pastores creen habitados por salvajes; gente ni vista ni oída, de lengua y usos distintos a los nuestros. Son hombres y mujeres que andan desnudos pensando ser solos en la tierra”.
Típicas calles en las aldeas de la zona que se conservan en su estado original En 1907, el antropólogo francés Maurice Legendre se instaló entre los hurdanos para escribir su célebre obra “Etude de geographic humaine” (”Estudio de la geografía humana”), un trabajo de investigación que llevó la miseria y la desolación de los hurdanos a los ojos del público mundial en 1909. Desde entonces, decenas de investigadores acudieron a la desconocida región para estudiar aquellos tristes seres desnutridos y abandonados en las agrestes tierras extremeñas. Escenas del documental de Buñuel, Las hurdes, tierra sin pan. Así contaba por ejemplo Georges Borrow, en su “La Biblia en España” del año 1921: “No hay tierra como ésta. Tiene sus secretos y sus misterios. Muchos se han perdido en ella y no han vuelto a saberse su paradero. Cuentan que en ciertas lagunas existen horribles monstruos y que en los ásperos valles sólo alumbra el sol a mediodía, reinando las tinieblas el resto de la jornada”.
Vicente Barrantes, explorador extremeño que recorrió las cuarenta alquerías que conformaban las Hurdes, dijo a su vuelta: “En los lugares de acceso a las alquerías cortan el camino los hurdanos. Desnutridos y harapientos, con mirada fija en el suelo, acaban huyendo de modo espantoso, brincando entre los riscos con la agilidad propia de las cabras por mucha que sea su edad. Otros, los más, se retiran asustados a sus inmundos cobertizos, guardando silencio ante la llegada del forastero. Nadie sabe qué edad tiene, ni muchos cuál es su familia. Si así se presentan en los albores del siglo XX ¿Cómo lo harían en 1600?“.
En 1922, el rey Alfonso XIII viajó a Las Hurdes para vivir en su propia piel la desgracia humana. Su visita trajo consigo la puesta en marcha del Patronato de Las Hurdes, destinado a llevar la modernidad a aquel recóndito lugar en ruinas.
Visita de Don Alfonso XIII en su visita a las Hurdes, tras ella, Gregorio Marañón dijo del lugar “aquí la vida es imposible para el hombre” En 1933 llegaría el polémico documental de Buñuel “Las Hurdes, tierra sin pan”, censurado en España y cuyas estremecedoras imágenes conmovieron al mundo e indignaron a cientos de hurdanos. Y es que parece ser que el director de cine aragonés no se contentó con reflejar la triste realidad de la comarca, sino que se valió de cuestionables estrategias para incrementar el impacto visual y humano de su trabajo. Una de las escenas más conocidas refleja un asno despeñándose por un escarpado precipicio. Lo que ante ojos de muchos espectadores pudo parecer un accidente, en realidad fue un hábil montaje del director cuya víctima fue el indefenso burro: lo abatieron de un disparo cuando se encontraba al borde del acantilado.
Por suerte, esta estampa que es cosa del pasado y tan solo lo más viejos recuerdan las penurias que pasaron en esta tierra de pizarrales, convertida hoy viñedos y tierras de buen ganado. Pero lo que si que perdura de aquellos tiempos son las decenas de leyendas sobre luces misteriosas y aparecidos, sobre maldiciones y encuentros con personajes siniestros y terroríficos y que os iré desvelando en sucesivos posts. No en vano, este territorio ha estado ocupado desde hace más de 5000 años por diferentes pueblos y culturas, y buenas muestra de ello son los numerosos restos arqueológicos en los que antiguas culturas dejaron su huella inscrita en piedra, enigmáticas runas e inquietantes figuras de aspecto humanoide que todavía encierran muchos secretos por desvelar.Os dejo aquí la grabación de Buñuel, por si a alguien le interesa: LAS HURDES, TIERRA SIN PAN
Rascacielos del desierto Perdida en algún lugar de los áridos desiertos del Yémen, existe una curiosa ciudad llamada Shiban. La Manhattan del desierto. Pero existe una pequeña diferencia con los gigantes de acero y cristal de la isla de New York, en el caso de Shiban, sus edificios están hechos completamente de adobe. Y por sus calles, en lugar de transitar miles de vehículos, tan apenas lo hace algún destartalado ciclomotor y alguna que otra cabra. Tampoco sus apartamentos gozan de grandes lujos.
Pero lo que sí que es seguro… es que viven más tranquilos y felices.
La Estructura de Richat es un accidente geográfico singular ubicado en el desierto del Sahara en Mauritania y que ha llamado la atención desde las primeras misiones espaciales porque forma un raro ojo de buey en la monótona extensión del desierto. Desde la distancia, el aspecto general es el de una gran espiral, como un ammonites gigante en el desierto. La estructura, que tiene un diámetro de casi 50 kilómetros, se ha convertido en un punto de referencia para las misiones espaciales. Hace décadas se consideró como el resultado del impacto de un meteorito debido a su forma circular, pero después de varios estudios se ha demostrado que se trata de una estructura simétrica de un domo anticlinal que ha sido erosionado a lo largo de millones de años, y nos muestra su núcleo. El centro de la estructura está constituido por rocas de edad Proterozoico a Ordovícico, con carbonatos (calizas y dolomías) que contienen brechas silíceas originadas por disolución y colapso kárstico, e instruidas por diques anulares de basalto, kimberlita y rocas volcánicas alcalinas en el Cretácico. Ninguno de los estudios realizados ha identificado evidencias de impacto meteorítico (metamorfismo de impacto). La estructura y su núcleo de brechas se interpretan como la expresión superficial de un complejo magmático alcalino de edad Cretácico que afectó a rocas más antiguas dando lugar a un relleno kárstico de origen hidrotermal. Posición geográfica (21°7.6′N, 11°24′O).
Estructura de Richat desde Google Maps
Si alejais la imagen vereis como el ojo es visible desde muchísima distancia.Quien sabe si cuando el mundo duerme, la tierra mira de reojo más allá de las estrellas, donde otra mirada quizás suspire por ella. Nebulosa Helix, el ojo de Dios.