Él ya había iniciado este trabajo de esclarecer la vida amorosa de los sujetos. De eso tenemos constancia por sus trabajos –cuatro, a los que les he dedicado algunos posts- que fueron escritos antes, pero que fueron reunidos en sus escritos breves por Freud mismo, bajo el título “Contribuciones a la psicología del amor”.
Me referiré hoy a Freud y a su noción de enamoramiento que tenemos como referencia clásica en uno de sus textos posteriores al giro de los ‘20, Psicología de las Masas y análisis del Yo, precisamente en el año 1921.Comienza dando una idea de que el lenguaje, como en todos los casos, intenta darle un nombre a las relaciones de afecto que ocurren entre las personas; a los muy diversos tipos de vínculos afectivos que existen entre los seres humanos. El lenguaje llama “amor” a estas relaciones, pero Freud dice que existen varias escalas dentro de este mismo término. Así, comienza con aquella variedad del amor que implica investir a un objeto sexual con el objetivo de satisfacerse sexualmente. Aquí está en juego la corriente sensual o amorosa de la que Freud ya nos había hablado en su teoría del desarrollo sexual.Pero, es evidente que cuando esas pulsiones sexuales se dirigen a satisfacerse sexualmente a partir de esa investidura de objeto, en tanto “necesidad”, una vez satisfecha esa necesidad, necesita nuevamente hacer ese rodeo por el objeto, aún sin necesitar “amar”. Nos recuerda Freud su teoría de la libido: el niño, en la primera infancia inviste a sus objetos con esta corriente sensual que la represión luego sepulta, quedando presente como relación con los padres, una relación basada en la corriente tierna, que es la que perdura.
En la pubertad reaparecen esas mociones sexuales con intensidad, pero orientadas ahora sí a metas sexuales, y se dirigen a objetos que reemplazan de alguna manera, sustituyen a esos primeros objetos de amor. Dice Freud que a veces sucede que las corrientes tierna y amorosa o erótica han quedado muy separadas (luego de haber operado la represión) y aparecen estos fenómenos de enaltecimiento, de veneración del objeto de amor. El amor cortés del que la literatura nos ofrece múltiples ejemplos. El hombre prendado a un objeto intocable, con el que no mantiene relaciones sexuales efectivas, digamos que no lo excita; y a la vez es muy potente sexualmente con otras mujeres a las que no ama, e incluso desprecia.
Pero, según Freud, la normalidad estaría dada por la capacidad del hombre de sintetizar ambas corrientes, amorosas y sensuales, hacia la amada.
Y dice algo así como que a mayor amor tierno hacia el objeto, más se opone al deseo sexual. En este tipo de enamoramiento es donde vemos esa sobreestimación del objeto de amor, que carece de defectos, que es superior a cualquier otra persona. Y Freud dice que esto tiene que ver con la Idealización.
Es que, dice Freud, en el enamoramiento influye la idealización, un proceso por el cual, valga la redundancia, idealizamos al objeto. Y es así que éste aparece sobreestimado, sobrevalorado. La idealización..................Siguiendo con esta teoría del amor en Freud, diremos que esa “tendencia a la idealización” afecta al juicio, dice Freud; es decir, al yo. Y eso mismo es lo que nos va a orientar.
En principio, tenemos el amor narcisista. Ocurre que en este fenómeno, en el enamoramiento, el yo le cede a su objeto su libido narcisista; ama al objeto como ama a su yo, dice Freud. Hasta llega a ser lo que suplanta ideales que el mismo yo no ha logrado alcanzar. Y que lo alcanza en estas vueltas que da por el objeto.
El tema es que cuando esta sobreestimación se vuelve más intensa, existe un proceso por el cual el yo va perdiendo toda su libido y el objeto se hace más grande, más importante, y el Yo queda empobrecido, desvalorizado, desapareciendo las exigencias sexuales. El yo está, en estos estados de enamoramiento, devorado por el objeto de amor. Muchos casos existen del extremo de este cuadro, donde el yo se desvaloriza, se humilla casi voluntariamente, está totalmente absorbido por el objeto de amor.
Algo que suele observarse generalmente en aquellos amores que no son correspondidos. Porque, dice Freud, que en los amores recíprocos, luego de cada “acto sexual”, disminuye esa sobrevaloración del objeto…
Pero en aquellos amores desdichados, enceguecidos, en un intenso aminoramiento de su narcisismo, totalmente prendado de ese objeto, a la vez que el yo se abandona al objeto, el Ideal del yo, esa instancia crítica del aparato psíquico, cede en sus funciones, y todo lo que hace el objeto está bien, nada puede serle reprochado. Es así que esa instancia crítica pasa a ser ocupada por el objeto de amor mismo. A tal punto que Freud nos reduce esta cuestión en una fórmula: “el objeto ha ocupado el lugar del Ideal del Yo”. Y aquí hace una digresión respecto de la diferencia que existe entre la identificación y el enamoramiento tal como aquí lo describe.
Primero se refiere a Ferenczi y su concepto de “introyección”, a partir del cual dirá que en la identificación es el yo el que incorpora al objeto, tiñéndose así de sus rasgos y propiedades. Mientras que en el enamoramiento es el objeto el que se devora, el que se incorpora al yo, quedando un yo totalmente pobre, empobrecido, vacío. Pero Freud dice aquí que no se trata tanto de cuestiones de empobrecimiento o enriquecimiento, de cuestiones “económicas”, sino más bien él propone una lectura más “esencial” de este fenómeno.
Que – sintetizando- en la identificación el objeto se abandona para ser luego reconstruido en el yo, quien queda modificado entonces, por los rasgos del objeto incorporado. En el caso del enamoramiento, el objeto no desaparece, permanece. Y el yo lo dota de todas las magníficas cualidades. De todos modos Freud no cierra la discusión en torno al tema y se pregunta si no puede ocurrir que el yo se identifique y el objeto se conserve…
Bien, esto es algo que suele suceder en la obra de Freud, él iba cuestionando sus propias teorizaciones, suponiendo a veces una figura tercera que hiciera de “juez imparcial” cuando él iba planteando sus descubrimientos clínicos y teorizando respecto de ellos.
Sexualidad y Cultura
Es muy interesante cómo Freud aborda este tema en su texto de 1910,Freud considera que lo que atañe a las pulsiones y sus objetos, es algo que vale tanto para los hombres como para los pueblos.
Nos dice que si antes, en la sociedad pagana hubo una desvalorización del amor y la vida, en una época en la cual la satisfacción amorosa no oponía dificultades, hizo su aparición la religión, a modo de formación reactiva, para que se restablezcan de alguna manera esos lazos afectivos indispensables para la humanidad. Es así también que la vida de los monjes era prácticamente una lucha contra sus tentaciones libidinales. Casi se dedicaban con exclusividad a evitar ser tentados. Y si caían en determinadas prácticas, recurrían a castigos como la autoflagelación.
Es aquí que plantea que las pulsiones adquieren más “significatividad” cuando son frustradas. Asimismo, se pregunta si es también verdad que la pulsión pierde valor cuando se termina satisfaciendo…
Nos lleva al ejemplo del vino, más bien de la relación del bebdor con el vino. ¿Acaso no se compara el buen vino con el buen sexo? ¿Se conocen casos en que por tomar un mismo vino, le termine resultando sin sabor al bebedor?
Pues no, al contrario –nos dice Freud. Más bien, entre el bebedor y el vino existe un feliz matrimonio… Así nos lleva al campo de la pareja y el amor, preguntándose por qué es tan variada la relación que tiene el que ama -el amante- con su objeto de amor.
Y dice que a esta altura ya tenemos que sostener que la pulsión sexual nunca se satisface plenamente.
Nos recuerda que en principio, sabemos que el objeto de elección sexual nunca es aquel primero al que las pulsiones se dirigieron. Y esto porque ha operado la represión. Así, ese objeto al que las pulsiones se dirigen en la vida adulta, dice Freud, son solo sustitutos del primero, reprimido. Es entonces que ninguno será del todo satisfactorio. Y tal vez con esto se explique esa imposibilidad de que un mismo objeto sexual se sostenga permanentemente a lo largo de la vida, y se dirija indefinidamente a objetos subrogados de aquel primitivo. En segundo término, nos recuerda el carácter disgregado de la pulsión sexual antes de haber sucumbido a la represión. Dice que otras pulsiones, como la croprofílica y las sádicas, si bien han sido sofocadas por la estética cultural, los procesos que generan excitación no han variado, más allá de la cultura.
Sostiene con esto que tanto lo excrementicio como lo sexual son inseparables (que tampoco los órganos genitales corresponden a lo estéticamente aceptado en la cultura, conservando toda su “animalidad”)
Dice Freid que la cultura tiende, sin dudas, a aminorar las pulsiones sexuales, viviéndose entonces en una insatisfacción constante.
Así, concluye que la insatisfacción que hallamos en la cultura es un efecto de las peculiares características que han adquirido esas pulsiones sofocadas por la cultura. Y que esa imposibilidad de la pulsión de ser satisfecha plenamente, es la fuente de las más exitosas muestras culturales. Dice Freud que si no existiera tal insatisfacción pulsional, no habría necesidad progreso.
La mente humana ha experimentado una evolución a lo largo de la existencia de la humanidad. Los mecanismos mentales que capacitaban la actividad mental debían ser fruto de la evolución, de la adaptación al medio, al igual que el resto de órganos de nuestro cuerpo. Pero cuando se habla de evolución mental, probablemente la componente cultural tenga mucho más peso, por lo que podemos suponer que la conciencia, tal y como la conocemos no surgió con las mismas características en nuestros antepasados. El investigador Alexander Romanovich Luria realizó unas famosas expediciones psicológicas a principios de los 30 para investigar las hipótesis de Vigotsky, según las cuales, el desarrollo de funciones mentales superiores está ligado al desarrollo del medio social y cultural. Investigaciones posteriores han confirmado lo que Luria se encontró por el camino. Los individuos pertenecientes a “sociedades tradicionales” (por diferenciarlas de las “sociedades modernas”) no responden utilizando modos silogísticos de razonamiento.Lucien Lévy-Bruhl había observado ya ciertas características que diferencian la forma del pensamiento “civilizado” de aquellas encontradas en lo que en esa época se daban en llamar, sin ningún tipo de pudor, “sociedades inferiores”. Una de esas diferencias era el despreocupamiento intelectual ante la contradicción lógica. Las operaciones mentales, a las que denomina Lévy-Bruhl operaciones lógicas, son las que organizan en buena parte nuestras representaciones. Pero las representaciones tienen que ser colectivas porque la mentalidad es social. Las representaciones colectivas de los individuos civilizados suelen obedecer una serie de leyes generales, como por ejemplo la ley de la identidad, la de la contradicción, la generalización, la abstracción y la clasificación. También utiliza la ley de la causalidad para organizar sus representaciones y para explicar lo que ocurre en el mundo. Estas leyes toman parte en la formación de conceptos y tienen un papel en la inferencia, es decir, en los procesos mediante los que obtenemos conclusiones basándonos en información conocida. Por lo tanto, podemos considerar estas leyes como las operaciones más generales del individuo civilizado.
¿Cuáles serían las operaciones más generales de la mentalidad primitiva? Hay que considerar que las representaciones no son exclusivamente cognitivas, sino que están muy mediadas, en el caso de las culturas primitivas, por factores emocionales y motores. Ello se debe a las circunstancias en las que muchas de esas representaciones son adquiridas por los individuos en situaciones especiales, social y psicológicamente críticas, como, por ejemplo, las ceremonias de iniciación. Uno de los puntos que llamó la atención de Lévy-Bruhl fue que el pensamiento de los individuos primitivos parecía tener, por lo menos en ciertas tribus, un recurso constante a la memoria, mucho mayor del que se encuentra en el pensamiento civilizado, y que vendría a convertirse en soporte vital del pensamiento primitivo. Mientras que el individuo civilizado confía en parte al ordenamiento lógico de los conceptos el papel de herramienta para recuperar información, el sujeto primitivo registra en un cierto orden en su memoria las representaciones, y ese orden memorizado sirve eventualmente, no sólo para recuperar una representación en particular, sino para inferir a partir de una representación la siguiente. Atribuye a la mentalidad primitiva una carencia para las operaciones lógicas en sentido estricto, u “operaciones discursivas del pensamiento”. La conclusión a la que llega es que el conjunto de hábitos mentales que excluyen el pensamiento abstracto y el razonamiento propiamente dicho parecen encontrarse en un gran número de sociedades inferiores y constituir un rasgo característico y esencial de la mentalidad de los primitivos. Los principios de contradicción y de identidad son operaciones discursivas características del pensamiento del individuo civilizado, y son, desde luego, principios lógicos. Estos no están presentes en el pensamiento primitivo, sino que en lugar de ellos está una “ley de la participación”, que es una forma de mediar entre la identidad y la contradicción. Una mentalidad gobernada por la ley de la participación es lo que llama Lévy-Bruhl “una mentalidad prelógica”. No antilógica, ni alógica, puesto que no se complace en explotar las contradicciones, ni carece de cualquier lógica. Al caracterizar de esta manera la mentalidad primitiva, se refiere Lévi-Bruhl a las representaciones colectivas, pero no a las operaciones mentales de los individuos, que en muchos terrenos prácticos son perfectamente lógicas.
Otro tema que pone Lévy-Bruhl de relevancia en la mentalidad primitiva es la supuesta falta de atención y de interés por las causas que no sean inmediatamente evidentes. Cuando una causa no es evidente, el individuo pre-lógico no se preocupa de buscarla activamente, sino que explica el suceso en cuestión aludiendo a poderes místicos. Estos agentes causales son fuerzas ocultas, para las que no cuentan, ni las restricciones lógicas, ni las de tipo temporal o espacial, que son las que soportan las representaciones del individuo civilizado. En este sentido, dice Lévy-Bruhl, la mentalidad primitiva es mística, se explican mediante estas intervenciones la enfermedad, los accidentes, la muerte, la sequía, la mala cosecha, que en muchos casos y culturas se atribuyen por ejemplo a brujería o dioses enfadados. Según Lévy-Bruhl, en la mente primitiva los objetos perceptibles y las fuerzas invisibles confluyen. Las entidades místicas y la percepción no están separadas en los actos cognitivos, de modo que no se puede decir que esas entidades místicas no sean perceptibles, porque para el perceptor lo son. La distinción entre “lo dado” y lo percibido es inapreciable para el sujeto. Según Lévy-Bruhl, en el pensamiento lógico, los juicios operan con conceptos previamente definidos. Las relaciones entre conceptos que se establecen en los juicios o síntesis, son posteriores a la constitución de los conceptos, y deben respetar las especificaciones de éstos. Mientras que la mentalidad pre-lógica constituye los “conceptos” a la vez que procede a relacionarlos en síntesis. Por esto dice Lévy-Bruhl que el pensamiento primitivo es sintético: no separa las dos fases de análisis y síntesis como lo hace el pensamiento lógico.
Es, sin embargo, esta, una caracterización muy cuestionada del pensamiento ordinario del individuo civilizado. La distinción entre analítico y sintético no parece fácil de trazar, según Quine; y otros autores han mostrado que no se pueden separar las significaciones de las palabras de, al menos, algunos de los juicios que formamos con ellas. Lo que añade Lévy-Bruhl es que estas representaciones y las relaciones que hay entre ellas no están sometidas a la lógica porque están sometidas a un imperativo social. Esto explica que no se libren a cualesquiera arbitrariedades permitidas por el desprecio de la contradicción y que las “síntesis” estén dadas junto con los conceptos. Si se dice de un sujeto es un hombre pájaro, entonces los conceptos de hombre y el de pájaro tienen que cargar con esa síntesis y tienen que participar el uno del otro. Es en este sentido en el que Lévy-Bruhl afirma que el pensamiento primitivo carece de la facultad de abstraer, esto es, carece de la facultad de crear conceptos con una extensión a la cual una cosa dada pertenece o no pertenece y constituidos con independencia de las síntesis en que figuren. La diferencia fundamental entre el pensamiento pre-lógico de la mentalidad primitiva y el pensamiento lógico occidental reside, según Lévy-Bruhl, en el enraizamiento del primero en la esfera de las emociones y los sentimientos que sirven de ejes mayores a las representaciones colectivas, esto es, a las ideas que los miembros de un grupo social comparten y que son impuestas desde el exterior. Sin embargo, y contrario a la corriente evolucionista, Lévy-Bruhl no consideraba el razonamiento pre-lógico como un defecto o como producto de la estupidez o como forma rudimentaria de la nuestra, como un razonamiento inferior, comparable al de los niños del mundo civilizado, como hizo Tylor de alguna manera en Primitive Culture, al considerar la cultura como una sucesión de estadios desde lo salvaje a lo civilizado. Según Lévy-Bruhl, si vemos la mentalidad primitiva tal como ella se manifiesta en sus propias instituciones, dicha mentalidad aparecerá como normal en las condiciones que ésta se ejerce, como compleja y desarrollada a su manera. Hacia el final de su carrera, escribió, en una carta a Evans Pritchard, que el hecho de que los hábitos mentales de los individuos primitivos sean diferentes del de los individuos civilizados, no significa que ambos razonen de manera diferente, su pensamiento no es ni más ni menos lógico y reconoce que quizás el término pre-lógico había sido desafortunado, ya que definía claramente al pensamiento primitivo como coherente.
La heterogeneidad total que Lucien Lévy-Bruhl encuentra entre lo que él denomina el pensamiento “prelógico” y el pensamiento occidental, excluye toda posibilidad de relacionarlos en algún sentido. En virtud de que se rigen por reglas diferentes, el pensamiento occidental se enfrenta a la imposibilidad de comprender la “mentalidad primitiva”, ya que ésta se encuentra regida por la “ley de participación”. Esta ley, que se refiere a la propiedad del pensamiento primitivo de penetrar en la naturaleza a través de una “experiencia mística”, no tiene correlato en la “explicación” de tipo científico que domina la mentalidad occidental. Para el evolucionismo la distancia entre magia, religión y ciencia es mera cuestión de tiempo: los primitivos tendrán que superar algún día sus estadios fetichistas, politeístas o de falsa conciencia y lo lograrán gracias a la uniformidad de fondo del género humano: la unidad de su espíritu. El esquema heterogéneo levanta un muro infranqueable entre el primitivo y el occidental, y si ambos pensamientos coexisten, lo mismo da, puesto que no podrán establecer comunicación. Lévy-Bruhl ha sido acusado de inventar una extraña mentalidad prelógica para atribuirla al pensamiento primitivo, pero la impresión que se tiene al leerlo es que es más inadecuada la idea que se hace de la mentalidad racional o científica. Cuando describe ésta depende de las idealizaciones que los viejos tratados de lógica habían construido sobre el pensamiento racional. Él mismo advierte que la racionalidad del individuo civilizado a la que se refiere es la que se encuentra definida en los libros de lógica, de filosofía y de psicología, y tiene en cuenta la posibilidad que el posterior estudio sociológico de las comunidades donde estos libros se escribieron muestre un panorama distinto. Cuando interpreta el pensamiento primitivo encuentra en él cosas que no estaban en los libros de lógica, estamos hablando de la primera mitad del siglo XX. Pero muchas de estas cosas parecen estar también en el pensamiento científico. Su concepción del pensamiento racional deforma, aunque él intenta evitar esta perturbación, la manera como cuenta las características del pensamiento primitivo, porque no puede escapar de esta idealización poco fiel.
La obra de Lévy-Bruhl hace una valiosa propuesta para indagar el pensamiento socialmente compartido, que consiste en inferirlo de las instituciones sociales. En el curso de su interpretación del pensamiento de otras culturas advierte muy agudamente rasgos que lo diferencian del pensamiento racional descrito por los lógicos, psicólogos y filósofos de la Europa del siglo XIX. Pero de lo que realmente no se ocupa es de cómo las instituciones sociales son materializaciones de esas representaciones colectiva.
La ciencia, glorioso logro del hombre moderno, se situa entre la matemática pura y la experiencia sensorial bruta. Esta posición genera tal tensión conceptual que no es raro que los filósofos estén perplejos.
La ciencia natural se interesa por los hechos de este mundo. Los resultados de tal interés se articulan en enunciados factuales. Ninguna colección de enunciados “no factuales” puede constituir una ciencia natural. Se precisa de la experiencia observacional para separar aquellos enunciados factuales que «se cumplen» de los que “no se cumplen”. «El observador» no es más que un detector animado; despersonalizado, no es sino un retículo de receptores de señales integrado con una eficacia y fiabilidad mecánicas considerables.
En esta medida y por este motivo, cualquier persona normal podría hacer observaciones científicamente valiosas. Los receptores de señales ópticas, no importa lo sensibles y exactos que sean, no pueden proporcionar todo lo que se necesita para observar por ejemplo, la resistencia eléctrica. Se presupone también un conocimiento; la observación científica es, por tanto, una actividad «cargada de teoría».
Ni los computadores fotosensibles sin cerebro, ni los niños, ni los elefantes, hacen observaciones científicas, por muy notables que sean su recepción de señales y su memoria.
Ser capaz de dar sentido a los sensores exige conocimiento y teoría, no sólo más señales sensoriales. Este reconocimiento de un fuerte elemento teórico dentro de la observación científica conduce algunas veces a los filósofos a dar a entender que las señales provenientes de la materia de que se trata son menos importantes de lo que realmente son.
El teórico presiona al observador con preguntas como «¿en qué medida las desviaciones del ‘caso ideal’ son atribuidas simplemente a la tosquedad del aparato experimental?», «¿hasta qué punto son fundamentales para nuestra comprensión de los fenómenos las desviaciones, amplitudes de error, fricciones, dislocaciones, deformaciones, etc. detectadas, cosas todas ellas inseparables de los instrumentos y técnicas de medición?».
En este caso, es como si la «forma conceptual» de nuestras propias teorías, de nuestra postura y estatura de las presuposiciones, determinasen dónde han de «limpiarse» las observaciones; dónde deben realinearse y reprocesarse de modo efectivo para ser insertadas en el marco teórico de una ciencia, su estructura para la inteligibilidad. Sin duda es muy importante reconocer este rasgo central de la observación científica.
La comprensión de los fenómenos se ve a menudo precedida por estudios sobre fluidos ideales, superficies sin fricción, palancas estrictamente rígidas, cuerpos perfectamente elásticos, envergaduras infinitas, traslaciones unidimensionales, partículas puntuales y, en general, «casos puros». Así, el ‘trabajo’ de laboratorio debe estorbar tan poco como sea posible a la principal función de la empresa científica, a saber, la consecución de comprensión teórica, de conocimiento.
Periódicamente, sin embargo, los teóricos quedan atrapados en una actitud de «tanto-peor-para-los-hechos». Históricamente, tal confianza parece casi comprensible, sobre todo después de los descubrimientos exigidos por la teoría, como los del antiprotón, el antineutrón, el neutrino, el positrón de Anderson… Pero aun así, el «punto medio» filosófico debe ser siempre el que reconozca que las observaciones significativas de una ciencia son aquéllas que cumplen los criterios de relevancia incorporados a la teoría vigente y, al mismo tiempo, son capaces de modificar esa teoría mediante el riguroso e inquebrantable reconocimiento de «lo que es el caso», de los hechos.
Lo que veo es lo que creo
La ciencia no fabrica los hechos, por mucho que pueda darles forma, color y orden. Pensemos en Johannes Kepler: imaginémosle en una colina mirando el amanecer. Con él está Tycho Brahe. Kepler considera que el Sol está fijo; es la Tierra la que se mueve. Pero Tycho, siguiendo a Ptolomeo y a Aristóteles, al menos en esto, sostiene que la Tierra está fija y que los demás cuerpos celestes se mueven alrededor de ella. ¿Ven Kepler y Tycho la misma cosa en el Este, al amanecer?.
En las retinas de Kepler y de Tycho se forman las mismas configuraciones. Así pues, ellos ven la misma cosa. Sin embargo la visión es una experiencia. Una reacción de la retina es solamente un estado físico, una excitación fotoquímica. Existe una gran diferencia entre un estado físico y una experiencia visual. Las disparidades entre sus descripciones aparecerán en interpretaciones ex post facto de lo que se ve, no en los datos visuales básicos.
Si se sostiene esto, aparecerán pronto dificultades adicionales. ¿Cómo llegan a organizarse las experiencias visuales? ¿Cómo es posible la visión?. El contexto nos da la clave. No se necesita, sin embargo, que dicho contexto sea establecido explícitamente. A menudo es «inherente» al pensar, el imaginar y el figurar. El físico ve un tubo de rayos-X, el niño una lámpara complicada. Tycho y Simplicio ven un Sol que se mueve; Kepler y Galileo ven un Sol estático.
El examen de cómo diferentes observadores ven cosas diferentes en x pone de relieve algunas cosas de interés en cuanto al ver la misma cosa cuando miran a x. Si ver cosas diferentes implica la posesión de conocimientos y teorías diferentes acerca de x, entonces, cuando ven la misma cosa debe tomarse, quizás, como que los diferentes observadores comparten conocimientos y teorías acerca de x.
Kepler y Tycho compartían los elementos de sus experiencias; pero su organización intelectual es muy diferente. ¿Pueden tener sus campos visuales una organización diferente? Es precisamente el sentido en el que Tycho y Kepler no observan la misma cosa el que debe tenerse en cuenta cuando se trata de entender los desacuerdos que existen dentro de la microfísica.
La física fundamental es, primordialmente, una búsqueda de inteligibilidad; es una filosofía de la materia. Solamente de manera secundaria es una búsqueda de objetos y hechos (aunque los dos cometidos son uña y carne). En cierto sentido, entonces, la visión es una acción que lleva una «carga teórica».
Ver cómo, ver qué
La observación de x está moldeada por un conocimiento previo de x. El lenguaje o las notaciones usados para expresar lo que conocemos, y sin los cuales habría muy poco que pudiera reconocerse como conocimiento, ejercen también influencia sobre las observaciones. Para Tycho y para Simplicio ver el amanecer era ver que el brillante satélite de la Tierra estaba comenzando su circuito diurno alrededor de nosotros, mientras que para Kepler y para Galileo ver el amanecer era ver que la Tierra, en su giro, les volvía a poner bajo la luz de nuestra estrella vecina.
Examinemos «ver que» en esos ejemplos. Puede que sea el elemento lógico que conecta el hecho de observar con nuestro conocimiento y con nuestro lenguaje. «Ver como» y «ver que» no son componentes de la visión en la misma medida en que las barras y los cojinetes son parte de los motores; la visión no es compuesta.
Con todo se pueden plantear cuestiones lógicas. «Ver como» y «ver que», por tanto, no son componentes psicológicos de la visión. Son elementos lógicamente distinguibles del lenguaje sobre la visión, según el concepto que nosotros tenemos de ésta. Ver un pájaro en el cielo implica ver que no caerá en barrena repentinamente; y esto es más de lo que aprecia la retina. Podríamos estar equivocados. Pero ver un pájaro, incluso momentáneamente, es verlo en todos estos aspectos. Como diría Wisdom, cada percepción implica una etiología y una prognosis.
«Ver que» inserta conocimiento dentro de nuestra visión; nos libra de reidentificar cada cosa que encuentran nuestros ojos; permite al físico observar los nuevos datos como físico y no como una cámara fotográfica. Como quiera que se interprete, la interpretación está allí, en la visión. Nos atreveríamos a decir que la interpretación es la visión.
Estas características lógicas del concepto de visión son inextricables e indispensables para la observación en la investigación física. ¿Por qué indispensable? Una cosa es que los hombres vean de una forma que permita el análisis de los factores en «ver como» y «ver que»; indispensable, sin embargo, sugiere que el mundo debe ser visto así. Esta es una afirmación más fuerte y requiere una argumentación igualmente fuerte.
Nuestra conciencia visual es dominada por imágenes; el conocimiento científico, sin embargo, es primordialmente lingüístico. La visión es, casi diría, una amalgama de imágenes y lenguaje. Al menos el concepto de visión abarca los conceptos de sensación visual y conocimiento. La fundamentación del lenguaje de la física, la parte más próxima a la mera sensación, es una serie de enunciados. Los enunciados son verdaderos o falsos. Las imágenes no tienen ningún parecido con los enunciados: no son ni verdaderas ni falsas. El conocimiento del mundo no es un montaje de piedras, palos, manchas de color y ruidos, sino un sistema de proposiciones.
Contemplar la posibilidad misma de habitar en una sociedad sin dinero, resulta hoy en día, una utopía. O eso es lo que quieren que pienses quienes manejan el poder económico. Lo que resulta innegable es que SOÑAR ES GRATIS. También a los grandes precursores de la humanidad les tildaban de soñadores. Y sin embargo toda nuestra tecnología se ha basado originalmente en eso; EN UN SUEÑO. En el blog “Tejiendo el mundo”, aparece este interesante artículo, sobre Jacques Fresco, un visionario que concibe, lo que por ahora parece imposible;
El Proyecto Venus lo compone un grupo educativo de expertos ubicado en un Centro de Investigación de 25 acres localizado en Venus, Florida.
La experiencia nos dice que el comportamiento humano puede ser modificado, hacia la actividad constructiva o destructiva. Tenemos los instrumentos al alcance de la mano para diseñar – y construir – un futuro que sea digno del potencial humano. El Proyecto Venus presenta una dirección valiente y nueva para la humanidad que es plantear un rediseño total de nuestra cultura. El mayor recurso disponible hoy es nuestro propio ingenio. Mientras sociólogos y grupos de expertos formulan estrategias que tratan síntomas sólo superficiales, sin el sustento básico de lo social, el Proyecto Venus se aproxima a estos problemas de una manera diferente. Partiendo de la base que no se pueden eliminar estos problemas dentro del marco político y económico establecido, pues esto tomaría demasiados años para lograr cualquier cambio significativo, el Proyecto Venus aboga por una visión alternativa para una civilización sostenible nueva mundial diferente de cualquier sistema social que haya existido antes. En este rediseño de la cultura, las guerras, pobreza, hambre, degradación ambiental, y el sufrimiento humano no sólo son vistos como innecesarios sino como inaceptables. Nuestra historia nos enseña que los cambios han sido lentos, al tiempo que líderes incompetentes han ido sustituyendo a sus predecesores, pero los problemas subyacentes sociales y económicos permanecen porque los sistemas en su base han permanecido inalterados. Está claro que los problemas de hoy no pueden ser solucionados política o económicamente, pues no parece haber suficiente dinero para pagar los cambios requeridos, a pesar de tener bastantes recursos naturales. Por este motivo el Proyecto Venus aboga por la transición de una sociedad monetaria a una basada en los recursos globales.
Pero esta transición de la cultura presente, que es políticamente incompetente, orientada por escaseces y anticuada, a esta sociedad nueva, más humana, requerirá un salto cuantitativo tanto en el pensamiento como en la acción. Básicamente este es un sistema en el que todos los bienes y servicios están disponibles sin el empleo del dinero, créditos, el trueque, o cualquier otra forma de deuda o servidumbre. La Tierra es abundante con recursos abundantes; la práctica de hoy día en racionar los recursos por métodos monetarios es contraria a nuestra supervivencia. La sociedad moderna tiene el acceso a tecnologías sumamente avanzadas que nos puede proporcionar alimento, ropa, alojamiento, asistencia médica, un sistema educativo relevante, y un suministro ilimitado de energías renovables no contaminates. Es ahora posible hacer que cada individuo disfrute de un nivel de vida muy alto con todos los servicios que una civilización próspera puede proporcionar. Esto puede lograrse con un uso inteligente y humano de la ciencia y la tecnología. Muchas personas creen que hay demasiada tecnología en el mundo de hoy, y que la tecnología es la causa principal de nuestra contaminación ambiental. Esa no es la cuestión. Lo que ocurre es que se está haciendo un mal uso de la tecnología. Las máquinas debe servir para darnos calidad de vida, para tener menos horas de trabajo y más vacaciones. Ellas no son una amenaza.
Si todo el dinero en el mundo fuera destruido, mientras la superficie del suelo, las fábricas, y otros recursos fueron dejados intactos, el hombre seguiría siendo capaz de construir aquello que deseara y satisfacer también cualquier necesidad. El dinero no sería lo que la gente necesitaría, sino el acceso libre a las cosas necesarias de la vida. En una Ecomía basada en los Recursos, el dinero no sería necesario. Todo lo que se requeriría sería los recursos y la fabricación y distribución de los productos.
Cuando la educación y los recursos estén disponibles a toda la gente, sin una etiqueta de precio, no habrá ningún límite al potencial humano. Aunque esto sea difícil de imaginarse.
En tal sociedad, la medida del éxito estaría basada en el cumplimiento de búsquedas individuales más que en la adquisición de riqueza, propiedad y poder. El sistema basado en el dinero se lleva desarrollando desde hace siglos. Todos los sistemas económicos del mundo – el socialismo, el comunismo, el fascismo, liberalismo – perpetúan la estratificación social, el elitismo, el nacionalismo, y el racismo, porque está basado en la disparidad económica. Mientras un sistema social usaba el dinero o el trueque, la gente y las naciones procuraban mantener una ventaja dentro de la competitividad económica, y si no la tenían mediante el comercio se llevaban a cabo por caminos abusivos, injustos y hasta violentos. Todavía hoy utilizamos estos mismos métodos anticuados.
Nuestro sistema monetario no es capaz de proporcionar un nivel alto de vida para cada uno de nosotros, tampoco esto puede asegurar la protección del medio ambiente porque el motivo principal es el beneficio propio. Nuestra tecnología va por delante mientras que nuestros diseños sociales han permanecido relativamente estáticos. El cambio cultural no ha acompañado al cambio tecnológico.
El sistema monetario se desarrolló hace años como un dispositivo para controlar el comportamiento humano en un entorno con recursos limitados. Hoy el dinero es usado para regular la economía, no en beneficio de la población, sino para los que controlan la riqueza financiera de los paises.
Jacque Fresco es considerado por muchos como el Da Vinci de nuestro tiempo, un ingeniero diseñador que se mueve por diversos campos artísticos y tecnológicos. De 90 años de edad, es un autodidacta multidisciplinar, que ha desarrollado incluso numerosos inventos. Es el fundador de “El Proyecto Venus”, su visión personal y globlal de la ciudad ideal, en una búsqueda por integrar lo mejor de todos los avances técnicos de nuestra era para construir unos espacios más habitables.
Fresco ofrece un puñado de soluciones creativas a la mayoría de los problemas de la ciudad actual, basándose en lo que considera un reajuste de nuestra cultura, en un uso inteligente de la ciencia y la tecnología a la vez que se protege el medio ambiente.
Thales de Mileto (630 a.C. – 545 a.C.) fue uno de los más famosos filósofos griegos, pero no sólo destaca por eso, sino que como todos los sabios de aquella época, también destacó como científico y matemático, donde son muy importantes sus aportaciones en la geometría, y una de estas aportaciones es en la que nos vamos a centrar, el conocidísimo “Teorema de Thales”.
Para poder enunciar este teorema, nos remontamos en la historia a los acontecimientos que precedieron al Teorema:
THALES Y LA PIRÁMIDE DE KEOPS Alrededor del año 600 a.C., Thales visitó Egipto, donde el faraón; que había oído hablar de la inteligencia de Thales; le pidió que averiguara la altura de la Gran Pirámide de Keops. Para ello, nuestro gran sabio, clavó su bastón en el suelo de forma vertical y esperó… En el instante justo en el que la sombra de su bastón fue igual a la altura del bastón, entonces la sombra de la pirámide también sería igual a la altura de ésta. Suponemos que para poder llevar a cabo este experimento, recibiría ayuda de alguien. A partir de este experimento podemos enunciar el siguiente Teorema:
ENUNCIADO DEL TEOREMA Teorema: Dadas dos rectas cualesquiera: r y r´, cortadas por rectas paralelas entre si: a, b y c; entonces tenemos que los segmentos obtenidos en una de las rectas son proporcionales a los obtenidos en la otra recta, como se puede apreciar en la siguiente imagen:
APLICACIONES El Teorema de Thales tiene múltiples aplicaciones en geometría: 1. Una de las más importantes es para hallar longitudes de un triángulo o figura geométrica utilizando triángulos semejantes: 2. División de un segmento en partes proporcionales. 3. División de un segmento en partes iguales. 4. Y también se utiliza para realizar algunas demostraciones de geométricas, como por el ejemplo el teorema de la bisectriz.
Algunos de los problemas más típicos que se resuelven utilizando el teorema de Thales son aquellos en los que nos piden la altura de algún objeto (edificio, montaña, etc) conocida la altura y la distancia o la sombra de otro objeto. Veamos algún ejemplo: Ejemplo:Para poder llegar a una ventana de un edificio rodeado por una verja, hemos utilizado una escalera. Sabemos que la distancia de la casa a la verja es de 3 metros y que desde la verja al punto de apoyo de la escalara hay 1 metro y medio. Sabiendo que la verja mide 2 metros, ¿a qué altura está la ventana? 1º. En primer lugar tenemos que plantear el dibujo de nuestro problema: Que si lo vemos en una perspectiva plana tendría el siguiente dibujo:
2º. Buscamos triángulos semejantes para poder aplicar el Teorema de Thales tal y como hemos indicado en la primera aplicación. En este caso sería el triángulo ABC y el triángulo CED Por tanto tendríamos: Por tanto la solución de nuestro problema será: La ventana se encuentra a 6 metros del suelo.
Vamos a ver uno de las figuras geométricas más antiguas y de la que además estamos rodeados: la espiral de Arquímedes. En primer lugar, para poder estudiar las características de esta, veremos la definición general de espiral: Definición: Una espiral es una línea curva que se forma al unir unos puntos que se van alejando poco a poco del centro de la espiral, y que a su vez, los puntos giran alrededor de este centro. La función de una espiral viene determinada por dos valores: fijado un punto, hay que tener en cuenta la distancia de este al centro, y el ángulo del punto respecto a un eje de referencia; además hay que tener en cuenta que el centro coincide con el vértice del ángulo.
Alrededor del año 225 a.C., Arquímedes estudió una espiral en concreto, la que se obtiene al unir el recorrido que sigue un punto que tiene un giro a velocidad angular constante y cuyo radio también crece de forma constante, obteniéndose una espiral como la que podemos ver en esta imagen.No obstante, Arquímedes no fue el primero en estudiar esta espiral, sino que antes que él lo hizo su amigo Conon.
ECUACIÓN DE LA ESPIRAL DE ARQUÍMEDES La ecuación de la espiral de Arquímedes en forma polar viene dada por la siguiente expresión: r=kα, donde r e la distancia al centro u origen de la espiral, k es una constante y α es el ángulo de giro. Deberíamos resaltar en este punto, la similitud de la ecuación de la espiral con la de la recta: y=mx. La amplitud de la espiral, es decir, la distancia entre dos espiras, viene dada por el valor de k.
EJEMPLOS EN LA NATURALEZA Y EN NUESTRO DÍA A DÍA Como ya hemos mencionado al comienzo, las espirales nos las encontramos día en día en nuestro entorno, un ejemplo muy cercano nos lo encontramos cuando enrollamos una cuerda sobre si misma. También aparece como decorado en muchas vasijas de cerámica. Y si somos muy observadores, la podremos encontrar también en la espiritrompa de las mariposas. Además también se utiliza para comprimir líquidos y gases, ya que se usan muelles de comprensión cuya forma es la de la espiral de Arquímedes. E incluso se podría decir que los discos de vinilo siguen el esquema de esta famosa espiral, ya que los surcos de grabación están igualmente espaciados.
¿CÓMO PODEMOS CONSTRUIRLA? Llevar a cabo la realización de la espiral de Arquímedes es muy fácil y sencillo, para poder hacerlo de forma perfecta y sencilla seguiremos los siguientes pasos: 1º. En primer lugar atamos un trozo de hilo a un lápiz y enrollamos el hilo alrededor de éste. 2º. Después sujetamos la otra punta del hilo a un folio por medio de una chincheta. 3º. Y por último, vamos dándole vueltas al lápiz (con el hilo tenso) hasta que se haya soltado.
OTRAS ESPIRALES FAMOSAS Otra de las espirales más famosas es la espiral de Durero, también conocida como espiral áurea, cuyas medidas sabemos que están en proporción del número áureo. Esta espiral también es muy usada en obras de arte.
La causa curiana fue un caso concreto que se presentó en la Antigua Roma republicana (año 93 a. C) ante el Tribunal de los Centunviros, que es el que se dedicaba decidir cuestiones sobre herencias, como la que aquí se planteaba. En efecto, las partes en litigio eran: un tal Curio, beneficiario de una herencia testamentaria, de un tal Coponio, que no era su pariente, y por el otro lado, los parientes agnados del difunto, que aducían la nulidad de la disposición testamentaria por no reunirse las condiciones de procedencia que en el testamento figuraban. Hechos: Marco Coponio, previó su muerte, y creyendo que su mujer estaba embarazada dispuso que su sucesor sería su hijo póstumo, pero añadió una sustitución pupilar, estableciendo que si su hijo no llegaba a cumplir los 14 años, fecha en que legalmente podía testar, su sucesor sería Manlio Curio. Muerto Coponio, resultó que su esposa no cursaba embarazo alguno, y de allí la discusión: Curio sostenía que la verdadera intención del causante era hacerlo a él heredero en segundo lugar, después de su supuesto hijo, en cualquier circunstancia, y el pariente agnado, hermano del difunto, aferrado a una interpretación literal, le negaba ese derecho, pues lo reconocía como sucesor solo en el caso de que el hijo muriera antes de ser púber. Por lo tanto, nulo el testamento, se abriría la sucesión legal o ab intestato y sería él, el legítimo heredero.
Hasta entonces, el tribunal había dictado siempre sus sentencias haciendo interpretaciones literales, pero en este caso, se apartó de esos precedentes, y, favoreciendo a Curio, realizó una interpretación subjetiva, muy novedosa para la época, sentando las bases de una nueva forma de interpretación judicial basada en la real intención, con sentido de equidad y no en lo plasmado en forma literal y de Derecho estricto.
Muerto Justiniano en el año 565, el Derecho Romano se cristalizó en el Corpus Iuris Civiles. El destino de éste fue diferente en Occidente que en Oriente. El Occidente cayó en el año 476 en poder de los bárbaros dando inicio a la Edad Media. Los germanos invasores siguieron aplicando el Derecho Romano por el principio del IUS SANGUINIUS (cada uno tiene sus propias leyes y lo siguen adonde vaya). Este principio se contrapone al IUS SOLI que significa que todos quienes están en un mismo territorio se rigen por ese Derecho, sin importar su nacionalidad. Además, las leyes que dictaron los bárbaros para regular las relaciones entre sus propios súbditos y los romanos (leyes romano-bárbaras) tuvieron gran influencia del Derecho Romano. Dentro del Imperio Romano de Occidente pueden encontrarse dos períodos. Este primero que hemos desarrollado, que va hasta el siglo XII donde si bien se siguió aplicando sufrió una crisis al contacto con las leyes germánicas, conservándose su aplicación pura, solo en las iglesias pero como subsidiario del Derecho Canónico. El resurgimiento del Derecho Romano habría ocurrido en el año 1137 cuando los pisanos saquearon Amalfi, ayudando al emperador Lotario II que a su vez luchaba a favor del Papa Incencio II, y hallaron allí un manuscrito del Digesto, que les fue regalado a los pisanos por su colaboración. Allí permaneció llamándose Litera Pissana hasta el año 1405, en que Florencia venció Pisa y el manuscrito se trasladó hacia allí tomando el nombre de Litera florentina. Esto es lo que se conoce como leyenda de Amalfi. Este escrito de Amalfi en poder de los pisanos fue usado por Irnerio, profesor de la Escuela de Bolonia para estudiar el Derecho Romano a través de glosas (anotaciones marginales e interlineales para tratar de aclarar palabras o frases) fundando la escuela que por el método empleado se llamó Escuela de los Glosadores y transformando la Escuela de Bolonia en una universidad prestigiosa. Usaron el método literal o exegético para sus estudios, aclarando el texto y quitándole contradicciones, de modo objetivo.
En esta escuela se destacaron además de su fundador (Irnerio) los siguientes discípulos: Búlgaro, un gran orador y autor de numerosos comentarios, un rival de Búlgaro, Martino Gosia, muy apegado a la letra de la ley, mientras que Jacobo de Porta Ravenata fue quien sucedió a Irnerio en la dirección de la Escuela. La Escuela de los Glosadores extendió su labor hasta el siglo XIII siendo su última etapa dedicada a la recopilación. Accursio realizó la obra compilatoria más grande que se denominó Glosa Magna.
En el siglo XIV se desarrolló la Escuela de los Comentaristas o Posglosadores, fundada por Bartola de Saxoferrato, que tuvo una actitud más activa que la anterior, tomando además del Corpus Iuris otras fuentes para el estudio y adaptación del derecho, como el Derecho local o el Canónico, con sentido más práctico, para solucionar problemas concretos, teniendo las opiniones de Bartola, rango de ley, en Italia y de Derecho supletorio en España. Este método se llamó dialéctico, inductivo-deductivo o aristotélico. Su más destacado discípulo fue Baldo de Ubaldi que escribió muchos comentarios al Corpus Iuris y muchos Concilia (tratar de lograr acuerdo entre textos). Mientras tanto en Oriente si bien Justiniano había prohibido comentar su obra, debieron hacerse trabajos para adaptarlo a las nuevas costumbres de los pobladores orientales que hablaban griego, y no latín. Así surgieron la paráfrasis de Teófilo a las Institutas, que las tradujo al griego; y también se realizaron numerosos Índices y Comentarios del Digesto, del Código y de las Nivelas, como el Índice de Teófilo.
Las Basílicas: Fue una obra de recopilación del Corpus Iuris, usando la Paráfrasis de Teófilo, los Índices, etcétera, que realizó en el año 890 León el Filósofo, emperador bizantino, para depurar las leyes antiguas. Se llamaron Basílicas pues la obra la había iniciado su padre, Basilio el Macedónico. Y tenía la función de reemplazar el Corpus Iuris por este texto en griego.
En el año 1345, se efectúa un trabajo privado, a cargo de Constantino Hermenópuluos, Juez de Tesalónica, llamada Exabiblos (constaba de seis libros) o Promptuarium, también escrito en griego, mantuvo vigente al Derecho Romano en Oriente hasta su caída en poder de los turcos.
Derecho Romano en la Edad Moderna La Edad Moderna comienza en el siglo XV con la caída del Imperio Romano de Oriente, pero sin embargo el Derecho Romano continúa haciendo sentir su influencia. Con el Renacimiento se recobra el interés por la antigüedad griega y romana, naciendo dos importantes escuelas.
Una fue La Humanista, que privilegió el conocimiento racional, nació en Italia y luego trasladó su influencia a Francia, siendo sus principales exponentes Cujas o Cujacio y Donelo. El primero se dedicó a la ciencia histórica y la filología. Realizó entre muchas obras un Comentario Exegético del Corpus Iuris. La otra escuela fue la del Derecho Natural, que liberó al ser humano del despotismo de los gobernantes al reconocerle libertades individuales. Su ideal era fundar un Derecho basado en la razón natural y de validez universal, valorizando especialmente el ius Gentium romano.
Derecho Romano en la Edad Contemporánea
Producida la Revolución Francesa, se sancionó el Código de Napoleón, que inició un movimiento codificador, que incluyó en su articulado muchas normas del Derecho Romano.
En Alemania florecen los estudios del Corpus Iuris en el siglo XIX a través de la obra de Savigny. Fue un jurista teórico, fundador de la Escuela Histórica alemana. La idea se centra en que el Derecho es un fenómeno vivo que debe adatase a la idiosincrasia de los pueblos. El Derecho Romano fue estudiado para observar si aún podía seguir aplicándose. Solo se debe codificar, o sea, inmovilizar el Derecho cuando se prevea que ya no se producirán cambios, cuando la sociedad esté madura. Muerto Savigny, surge un movimiento llamado Pandectítica, fundado por Jorge Puchta que volvió a las fuentes romanas rigurosamente. A fines del siglo XIX surgió otro jurista, crítico de Savigny, pues era práctico, Von Ihering, positivista que revivió el Derecho como fenómeno histórico.
Entendiendo por fuentes del Derecho los hechos que hacen que surjan normas obligatorias para todos los ciudadanos y/o habitantes de un lugar, debemos reconocer en la Antigua Roma, diferentes fuentes u orígenes de ellas, de acuerdo a su período histórico. Las primeras en aparecer y características de la época monárquica fueron las mores maiorum, que eran las costumbres de los antepasados, validadas por el uso reiterado y prolongado en el tiempo, que se transmitían oralmente.
La primera ley escrita data de la época repulicana (450 a. C) y fue la Ley de las XII Tablas, gran conquista plebeya, pues a partir de entonces se evitaba la arbitrariedad al ser las leyes conocidas por todos y poder pedir su aplicación tanto patricios como plebeyos, pues hasta ese momento, solo los primeros podían tener acceso a ellas ya que estaban en poder de los Pontífices que no atendían consultas plebeyas. Los pontífices eran los encargados de interpretar las normas haciendo nacer una fuente importante de Derecho, la jurisprudencia, Con la llegada de los plebeyos al Pontificado Máximo, y la publicación de las fórmulas secretas la labor de los jurisconsultos creció, y fue fuente del Derecho en el Imperio, cuando Augusto les otorgó a algunos juristas el ius publice respondendi.
Si hubo leyes escritas durante la Monarquía, es discutido: se trataría de las leyes regias, que habrían votado los comicios curiados a propuesta del Rey. De su existencia dan cuenta Plutarcio que sostiene que Rómulo fue quien propuso e hizo votar una ley sobre repudiación de la mujer que había ofendido a su suegra y también Pomponio, quien sostuvo que las leyes regias habrían sido recopiladas, en un total de catorce, por el pontífice Sexto Papirio, originando el ius Papirianum.
Con los comicios centuriados de la República surgen las leyes comiciales, donde el populus a propuesta de un magistrado vota las leyes (ley rogata). Las leyes dadas eran la que el propio magistrado sancionaba por tener una delegación del pueblo. En el año 494 a. C se creó el Tribunado de la Plebe, siendo los tribunos los funcionarios encargados de proponer las leyes que votaban los plebeyos y a ellos sólos regía. Eran los plebiscitos, que a partir de la Ley Hortensia, del año 287 a. C, fue también obligatoria para los patricios.
En el año 367 a. C se dictaron las leyes Sextias y Licinias que determinaron el nacimiento de una nueva magistratura, la Pretura, que contaba con un funcionario para dirimir conflictos entre ciudadanos romanos que era el pretor urbano, y otro que intervenía cuando en el conflicto había un extranjero, el pretor peregrino. Sus edictos anuales dieron lugar al nacimiento del Derecho Honorario, basado en el honor de estos funcionarios. El Derecho Honorario fue el que corrigió al Derecho Civil estricto y riguroso.
En el Imperio cobran el valor de fuentes del Derecho los senadoconsultos, decisiones votadas por los senadores a propuesta de un magistrado, ya existentes, pero que hasta entonces no eran obligatorios. Como fuente nueva aparecen también las Constituciones Imperiales, que serán las únicas vigentes en el Bajo Imperio.